Entrevistamos a Guille Galván, al que pillamos en pleno atasco, en una lluviosa tarde de mayo, para hablar de su nuevo disco «NADIE CON ESE NOMBRE VIVE AQUÍ»

– Es un disco donde cada canción es casi una conversación, una carta-
– Estamos en un momento de muchísima más dedicación no musical por parte de los artistas-
Acabas de lanzar tu primer trabajo en solitario: «Nadie con ese nombre vive aquí». ¿nos puedes desvelar el porqué del nombre del disco?
Guille Galván: El nombre es de una canción que se llama «La casa de mi padre», de Nebraska, de Bruce Springsteen. En la que una persona tiene un sueño una noche y va a la casa donde se ha criado de crío y llama a la puerta; la persona que habita esa casa años después, claro, pues le dice que nadie con el nombre por el que pregunta vive ahí. Me parecía que era un título que tenía mucho que ver con el disco por distintas razones. La primera por el espacio, por la idea de un espacio que es tuyo, pero que ya no te pertenece. También me gustaba esa idea de superponer en el presente distintos momentos,: el pasado, el presente y el futuro. Y como es un disco también que habla mucho de toda la gente que me rodea más cercana, de cómo me relaciono y de qué forma pues me han hecho ser quien soy a lo largo de mi vida. Y de qué manera, bueno, pues les pongo valor y me relaciono con ellos, pues me parecía que era un título bastante pertinente, que era evocador y que también me hacía gracia porque, bueno, la presentación de alguien como artista y que al lado de tu nombre aparezca esa frase, pues me parece como un juego de fantasmas que me resultaba sugerente.
Es un disco íntimo y personal. Acabas de comentar que se lo debes un poco a tu familia y que incluso era casi una necesidad como compositor. Algunas canciones podríamos decir que son una dedicatoria, ¿no?
Guille Galván: Bueno, creo que es un disco donde cada canción es casi una conversación, una carta. Yo siempre decía a toda la gente que ha participado que, para mí, el disco era una persona en una habitación con una guitarra contándole algo a alguien que estaba cerca. Esa idea de intimidad o esa necesidad de mantener esa narración frágil, pues me parecía importante mantenerla de principio al fin. Me acuerdo que cuando añadí y se pusieron a coproducir conmigo la fase final del disco Campi , Marcel y David, Raya y Pablo Martín Jones, les mandé un mensaje donde decía que quería mantener esa habitación con una sola persona, que no me la llenaran de músicos; que ellos tenían que ser quienes se encargaran de decorar el cuarto, de decidir qué paredes había, de qué color era el sillón o si había una mesa baja, pero que quería mantener esa idea como de «vis a vis» entre quien canta las canciones y quien las escucha.
A veces algunos artistas nos han dicho que escribir sirve un poco de catarsis. ¿Sería tu caso? Por ejemplo, en «No hay más solo pulso y belleza», donde dices que hay instinto y amor… mucha belleza, algo de dolor, aunque también es una canción de esperanza.
Guille Galván: Parte de un lugar complicado, oscuro y doloroso, pero yo creo que me ha permitido ir hacia un lugar luminoso y darme cuenta de que estaba alumbrando algo. Yo intento siempre, cuando te pones a hacer un disco… lo más difícil muchas veces es saber de qué quieres hablar y qué es lo que te remueve o qué te resulta pertinente como para dedicar meses o años de vida en trabajar algo. En cada momento de tu vida, ese tema o esa urgencia va caminando y ahora mi sensación es que tenía la necesidad de escribir sobre la gente que me rodeaba, la gente que me ha permitido ser quien soy y que me quiere y a la que quiero; y quizá por eso me decidí a cantarlo, porque consideraba que eran canciones que solo podía defender con mi voz.
Por otro lado, nos vamos a la canción que sería musicalmente distinta de las otras, con un sonido folk e incluso nos podríamos atrever a decir con un ligero toque de electrónica; es un sonido distinto al resto: «No me dejes quieto», que haces con David Soler y Marcel Bagés. Hasta tiene un punto cinematográfico. ¿Cómo surge?
Guille Galván: Bueno, casi todo el disco tiene un intento de una atmósfera cinematográfica en cuanto a arreglos. Todo el disco está grabado igual: guitarra y voz a la vez. Esa canción también, lo que pasa es que luego ha seguido creciendo de distintas maneras. La posibilidad de introducir algo tan clásico como un casi de cantautor —una guitarra y una voz marcando la pauta y el pulso de cada una de las canciones— y combinarlo con una producción o con una idea contemporánea de 2025, pues me parecía apropiado. Esa era la prueba, el reto o la intuición que tenía: que podía funcionar. Por eso quise hacerlo también con varios músicos y coproductores, para ir intentando juntar distintas tesituras que luego al final estaban incorporadas o hechas coherentes en la mezcla.
Algunas veces los que estamos en el otro lado, como oyentes, cuando lanzáis una canción, nos la llevamos a nuestro terreno y la interpretamos para nosotros; en «Un coche ardiendo» nos pasa un poco eso.
Guille Galván: En el caso concreto de esa canción, parte de un hecho real. Yo iba por la carretera y de repente vi un coche volcado ardiendo en mitad de la A-6, una tarde de verano. Me paré a ver qué había pasado y no había nadie herido ni nadie alrededor; me pregunté, casi como si fuera el arranque o el inicio de una película, qué estaba pasando. Parecía la escena de apertura de una peli y curiosamente me sorprendí con esa sensación de decir: «Joder, no sé si me sale más apagarlo o seguir mirándolo». Y quizá en qué momento dudo de ti… es como un intento de puente en una comunicación con alguien con el que no has podido ser claro o hablar de manera honesta. A lo mejor es verdad que un coche ardiendo pues es como la cara B: cuando tienes dificultades para comunicarte con alguien, por mucho o muy fácil que parezca, no deja de ser una odisea.
Algunos de tus temas como «Huellas en el aire» o «Túnel de la M-30» parece que van muy relacionados, aunque «Huellas en el aire» podríamos decir que es dedicada a ti porque nos sorprende con una jovencísima voz que interpreta «Érase una vez el hombre». No sabíamos que el tema lo había compuesto José Luis Perales y que tuviste que pedir permiso para poder cantarlo.
Guille Galván: Bueno para poder cantarlo no, ya la había cantado hace 40 años, para poder ponerla en el disco!!(risas)
Bueno si sí, eso (risas) . ¿Es una canción que te dedicas más a ti mismo, igual que «Túnel de la M-30» se la dedicas un poco a tus hijos?
Guille Galván: Sí, es la grabación familiar en la que salgo con mi padre cantando esa canción. Es lo que hace de nexo de unión entre esas dos canciones, que son probablemente el momento del disco que más tiene que ver con la infancia. Es verdad que el nexo lo hago yo de pequeño y que luego entra «Túnel de la M-30», que es una canción que escribí para mi hijo un día que me dijo que estaba triste porque le daba miedo crecer y dejar de acordarse de las cosas buenas que había vivido de niño. Me salía decirle que, bueno, por mucho que pase el tiempo y que a veces nos olvidemos de cosas, todo lo que nos da la gente que nos quiere y todo lo que hemos ido viviendo lo llevamos dentro; forma parte de nosotros como los anillos de los árboles que van creciendo. Le escribí esa canción que se ha convertido en un homenaje a toda la familia. Casi de hecho mañana sacamos un vídeo que he hecho también con material de películas domésticas caseras de cuando yo era pequeño. A veces, cuando tienes hijos y pasan por cosas por las que tú has pasado también, o estás en ese lado donde eres padre pero también eres hijo, pues muchas veces lo que ves que está atravesando tu hijo al final no deja de ser lo mismo que a ti te pasó hace poco; muchas veces no sabes si estás escribiendo de él o de ti mismo.

Nos has hablado de cinematografía,eres también poeta, escritor, músico, has hecho bandas sonoras… ¿Se te ha pasado por la cabeza alguna vez ponerte a dirigir?
Guille Galván: (risas) ,Bueno, yo qué sé, alguna vez, pero no es el momento. Yo estudié Comunicación Audiovisual y siempre he estado muy relacionado con el cine y me ha gustado mucho, también los documentales. Por suerte, he tenido la fortuna de poder participar en las películas y del cine desde la parte musical en los últimos años y volver un poco a familiarizarme con todos estos años en los que estuve estudiándolo.
Ahora ya hay hasta grupos virtuales e incluso se le pide a la IA que nos haga canciones. ¿Crees que en algún momento esto va a perjudicar a los artistas o que realmente el sentimiento que tiene un artista y su forma de componer es imposible que la inteligencia artificial sea capaz de hacerlo?
Guille Galván: Pues supongo que llegará el momento en que la IA pueda componer como cualquiera, pero claro, yo me hago la pregunta inversa: ¿es que yo como músico, como artista, voy a querer dejar de disfrutar de hacer canciones, de investigar o de estudiar para intentar hacer cada vez mejores canciones? Es como: ¿qué gano yo como ser humano si puedo hacerlo yo, si me gusta hacerlo y si disfruto de hacerlo?

¿A qué grupos o artistas te hubiera gustado ver?
Guille Galván: Bueno, me hubiera gustado ver a Camarón, a Jeff Buckley… Me hubiera gustado ver a R.E.M. en directo, que nunca les pude ver. Me hubiera gustado ver a John Lennon.
¿cCuál sería tu cronología musical?
Guille Galván: Joder, ¡que no hay tantos!
Guille Galván: ¡Buf, hay tantos! Las primeras canciones que yo recuerdo de infancia tienen que ver con las canciones que me cantaban en casa, que tenían mucho que ver con la canción de autor y la canción protesta de aquella época. No sé, Pablo Guerrero, Labordeta, canciones de Serrat… En el cole, la época del primer cole, por todas las cintas de casete ahí en el coche recuerdo la época de Dire Straits, que se escuchaba mucho en mi casa. Luego pop español, que tenían también muchas cintas de Los Secretos, de Nacha Pop. Discos vinilos en casa también de Pink Floyd y de The Beatles, de los Rolling… o sea, mi primera infancia. Luego pues en el cole, cuando empezaron a pasarse de mano en mano las cintas de casete, que al final se convirtieron en nuestro material de educación sentimental, pues con todos los grupos de la época: cuando empezaba Extremoduro, Metallica, Los Suaves… rock duro de la época, Led Zeppelin. Luego al instituto, pues los Black Crowes, Springsteen… hasta llegar a toda la época del Britpop, incluso rock americano de la primera época de los festivales en los 90, cuando empezó el Festimad y fuimos a los primeros festivales de música. Y a partir de ahí pues ya estaba casi con Vetusta, o sea que…
¿Qué opinas de la etapa actual en el mundo de la música? Trabajo, composición, la obligación de estar constantemente publicando en las redes sociales, sacando sencillos que a veces son demasiado efímeros…
Guille Galván: Sí, totalmente. Bueno, la música creo que siempre a lo largo de la historia ha estado ligada a dónde se consumía, y las ventanas de consumo de la música han sido las que han marcado las pautas, no solo de consumo, sino de cómo se hacía la música. O sea, las canciones duran tres minutos y pico porque los discos de pizarra era lo que duraba cada cara y no cabía más. Y en los años antes de que existiera el LP como tal, los artistas sacaban canciones cada mes o cada dos meses también. The Beatles sacaban canciones cada dos meses antes de que se recopilaran en discos largos. Pues cuando existieron los sistemas de alta definición y la gente tenía sistemas de alta fidelidad en su casa, pues el rock sinfónico y el deleite en lo sónico se convirtieron en algo que permitía trabajar de otra manera. Y pues ahora estamos en un momento donde la música se escucha por móvil y tiene que ser corta para que quepa una ráfaga de TikTok. Pero quiero decir que no es nada nuevo bajo el sol, que siempre han sido las plataformas o las ventanas las que han marcado el tipo de música. Ahora no hay intros porque los locutores de radio ya no presentan las canciones; entonces penaliza que haya una intro en una canción porque si dejas de escuchar los diez primeros segundos, pues el algoritmo te perjudica.
O sea, siempre ha habido… no me gusta pensar si hay épocas mejores o peores porque todas han tenido siempre condicionantes. Es verdad que ahora para mí la diferencia —yo que he vivido distintas etapas ya y que llevo veinte pico años haciendo música— pues sí que creo que ahora estamos en un momento de muchísima más dedicación no musical por parte de los artistas. No solo tienen que ser músicos e intérpretes, sino que tienen que ser sus propios directores creativos, los directores de publicidad, sus A&R, tomar las decisiones que, bueno, pues tradicionalmente hacía gente que tenía que ver con el marketing o la publicidad; y ahora tienes que estar 24/7 pendiente de eso. Eso pues yo que ya tengo una edad y lo he vivido, pues para mí es una barbaridad, claro, porque es insostenible tanto a nivel de tiempo empleado como a nivel psicológico. Tú no puedes estar durante tanto tiempo pendiente de ti mismo y de la imagen que quieres dar, y tener picos inmediatos casi sobre el éxito o el fracaso de lo que haces.