ENTREVISTA A SILVIA M. FERRI (ACCES)

ACCES HA SELECCIONADO 93 SALAS ESTATALES

ACCES HA SELECCIONADO 93 SALAS ESTATALES

-Una sala no puede competir en las mismas condiciones que un macrofestival ni funcionar solo bajo la lógica del ocio. Necesita políticas culturales y económicas pensadas para su realidad-

Las salas de música en vivo son espacios culturales de proximidad, esenciales para el acceso a la cultura, el desarrollo artístico y la conexión con los públicos. Sobre esta base, y con el objetivo de ser un nuevo impulso para el ecosistema de la música en directo, surge el Circuito Red de Salas.

Un programa que, bajo la coordinación de ACCES (Asociación Cultural Coordinadora Estatal de Salas privadas de música en directo) y la colaboración con la Dirección General de Artes Escénicas y Música, une a 93 salas de música en directo de todo el país para incentivar la programación y la diversidad artística.

Para llevar a cabo esta esencial propuesta, que pretende dinamizar la escena musical nacional, las salas seleccionadas acogerán durante los próximos meses una agenda continua de conciertos, que conectará escenas locales, nacionales e internacionales. Una auténtica apuesta que dará cabida tanto a artistas emergentes como a nombres consolidados

Desde No Solo Indie, apoyamos esta iniciativa y por eso entrevistamos a Silvia M. Ferri, parte de la Junta Directiva de ACCES.

Las salas de conciertos llevan años reclamando ser reconocidas como espacios culturales y no únicamente como locales de ocio. ¿Qué ha cambiado realmente en este aspecto durante la última década y qué sigue pendiente.

Creo que ha cambiado, sobre todo, la percepción. Las salas llevamos muchos años reclamando que se nos reconozca como espacios culturales y no únicamente como locales de ocio, pero fue durante la pandemia cuando esa idea empezó a calar de una forma mucho más profunda. Cuando la música en directo se detuvo, mucha gente entendió que las salas eran mucho más que un lugar donde se celebran conciertos.

Hoy es más evidente que una sala de conciertos sea un espacio donde nacen proyectos artísticos, se construyan carreras, trabajen muchos profesionales y se genere vida cultural durante todo el año.

Lo que sigue pendiente es que ese reconocimiento se refleje en medidas concretas, ya que muchas salas aún se enfrentan a normativas y políticas culturales que no tienen en cuenta su realidad. Al fin y al cabo, una sala de conciertos es un espacio cultural y debería ser reconocida como tal.

foto cortesía de ACCES

Después de la pandemia se habló mucho de la fragilidad de las salas. ¿Dirían que hoy las salas independientes están en una situación mejor o simplemente han aprendido a sobrevivir en condiciones precarias?

En cierto modo, conecta con la respuesta anterior. La pandemia no hizo frágiles a las salas, solo visibilizó una realidad que ya existía: las salas independientes llevan décadas trabajando con márgenes ajustadísimos y manteniendo su actividad con recursos bastante limitados.

Es cierto que hoy existe una mayor conciencia sobre la importancia de las salas dentro del ecosistema musical de base, y eso es un avance. Pero muchos de los retos siguen siendo los mismos: el aumento de los costes, la carga administrativa o la dificultad de planificar a largo plazo.

No creo que las salas hayan aprendido a sobrevivir en condiciones precarias. Creo que llevan décadas demostrando una enorme capacidad para sostener proyectos culturales complejos con muy poquitos recursos. Lo que necesitamos ahora es que ese esfuerzo vaya acompañado de unas condiciones más estables que permitan desarrollar esa labor con mayor tranquilidad.

Cuál es actualmente la principal amenaza para la continuidad de una sala de conciertos en España: los costes, la burocracia, los cambios en los hábitos de consumo o la competencia de los grandes eventos?

Si tuviera que señalar algo concreto, diría que es la falta de un marco estable que entienda la singularidad de estos espacios. Una sala no puede competir en las mismas condiciones que un macrofestival ni funcionar solo bajo la lógica del ocio. Necesita políticas culturales y económicas pensadas para su realidad.

Dicho esto, las salas también operan en un entorno que cambia todo el rato y muy rápido. Cambian los hábitos de consumo, los costes, las formas de comunicar, las expectativas del público o las dinámicas de la propia industria musical. Por eso, una parte importante de nuestro trabajo consiste en estar observando esos cambios y anticipándonos a ellos.

Las salas que siguen abiertas después de tantos años no lo hacen por casualidad. Lo hacen porque han sabido adaptarse continuamente sin perder aquello que las hace valiosas: su cercanía con artistas y público y su capacidad para generar cultura durante todo el año.

Si dentro de cinco años pudieran señalar tres logros concretos de Red de Salas, ¿cuáles les gustaría haber alcanzado?

Me gustaría que dentro de cinco años pudiéramos decir que hemos ayudado a consolidar un circuito estable para la música en directo, que hemos contribuido a mejorar las condiciones del sector y que las salas son reconocidas por todos como lo que son: espacios culturales imprescindibles.

Han sido seleccionadas 93 salas. ¿Cuántas solicitudes recibieron y qué criterios fueron decisivos para elegir a unas y dejar fuera a otras?

Se recibieron más de 100 solicitudes y finalmente fueron seleccionadas 93 salas, procedentes de 14 comunidades autónomas y 40 municipios.

Creo que eso demuestra tanto el interés que existe por formar parte de la red como la diversidad de las salas que sostienen la música en directo en nuestro país.

foto cortesía de ACCES

Muchas bandas señalan que es cada vez más difícil girar en salas pequeñas y medianas sin asumir pérdidas económicas. ¿Puede este circuito contribuir a revertir esa situación?

Puede ayudar, sí, aunque no va a resolver el problema por sí solo. Un circuito como este puede facilitar la planificación de las giras, conectar fechas y reducir parte de los riesgos que asumen artistas y promotores.

Lo que estamos viendo responde también a una realidad más amplia: en los últimos años han aumentado los costes de transporte, alojamiento, producción, comunicación y personal, al mismo tiempo que la industria musical se ha vuelto más compleja y competitiva. Todo esto nos obliga a reflexionar sobre cómo apoyamos la escena de base. Si queremos que los artistas puedan crecer y girar, necesitamos reforzar aquello que lo hace posible. Y eso requiere un compromiso compartido de todo el sector y de las administraciones públicas.

Se habla de conectar escenas locales, nacionales e internacionales. ¿Qué desequilibrios territoriales hay hoy en el mapa musical español y cómo pretende abordarlos Red de Salas?

Hay desequilibrios muy claros. No todos los territorios tienen la misma densidad de salas, ni la misma facilidad para atraer giras, acceder a recursos o formar parte de los circuitos profesionales. Existen escenas muy potentes que, sin embargo, quedan fuera del foco porque seguimos arrastrando una cierta tendencia al centralismo.

A veces olvidamos con demasiada facilidad que la música también sucede en las periferias, en ciudades medianas, en zonas rurales o en territorios que pierden población pero mantienen una enorme riqueza cultural. Si queremos un ecosistema musical sano, no podemos concentrar siempre las oportunidades en los mismos lugares.

Red de Salas puede ayudar precisamente a conectar territorios, favorecer la circulación de artistas y públicos y construir un mapa de la música en directo más amplio, más «bonico» y más diverso.

En un contexto dominado por las plataformas digitales y los grandes festivales, ¿cómo podemos darle el valor de principal lugar donde se construyen las carreras de los artistas a las salas de conciertos?

Lo primero es cambiar el relato. A veces hablamos de los festivales como si fueran el centro de la música en directo y el principal indicador de éxito, cuando la realidad, a mi entender, es bastante más compleja.

Las salas son el lugar donde artistas y público se encuentran de forma continuada durante todo el año. Son espacios de descubrimiento, de crecimiento y de construcción de comunidad. Buena parte de la vida musical de una ciudad sucede ahí, aunque no reciba la misma atención.

Quizá deberíamos dejar de entender las salas como un escalón previo hacia algo supuestamente más importante y empezar a reconocerlas como uno de los espacios centrales de la música en directo.

Este proyecto cuenta con apoyo institucional. ¿Es mera fachada o hay una implicación emocional y legítima por parte de los despachos de cultura estable a largo plazo?

Creo que en los últimos años ha habido un cambio importante. Cada vez existe una mayor conciencia sobre el valor cultural de las salas y una mayor implicación de las administraciones para apoyarlas.

Proyectos como este son una buena muestra de ello. Siempre hay margen de mejora, pero creo que existe una voluntad real de fortalecer la música en directo desde la base.

Si mañana tuviera que cerrar una parte significativa de las salas de conciertos del país, ¿qué perderían los artistas, el público y las ciudades que quizá no se está valorando lo suficiente hoy?

Perderíamos mucho más que una programación de conciertos. Los artistas perderían espacios donde experimentar, encontrarse con el público y desarrollar sus carreras de forma más sostenida y natural.

Y nuestros territorios perderían vida cultural diaria. Una sala activa genera movimiento, empleo, comunidad, identidad y tejido. Es un lugar donde pasan cosas durante todo el año, de manera continua. Cuando cierra una sala desaparece una parte de la vida cultural de un pueblo o ciudad. Por suerte, las salas llevan décadas demostrando una capacidad admirable para resistir y reinventarse.

LO QUE HAY DETRÁS DE LAS SIGLAS DE ACCES

ACCES es la Asociación Cultural Coordinadora Estatal de Salas privadas de música en directo. Creada en 2005, actualmente aglutina 9 asociaciones territoriales (Andalucía, Aragón, Castilla y León, Castilla La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, Madrid y Región de Murcia) y representa a casi 300 salas distribuidas por todo el territorio. Nació con una misión estratégica clara y definida: la estructuración y profesionalización de la música en directo, a través de la formación permanente y el reconocimiento de los profesionales del sector, así como la representación, ante diferentes instituciones y organizaciones, de las salas de música en vivo, y su asesoramiento en los diferentes aspectos jurídicos, económicos, artísticos y culturales. Su principal objetivo es lograr el reconocimiento de las salas de conciertos como espacios culturales y destacar su relevancia artística, social y económica.

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