REFLEXIONA SOBRE SU VIDA EN LA MÚSICA EN DESDE CUÁNDO TODO
– El mayor desafío fue no repetirme, es fácil caer en fórmulas que ya sabes que funcionan-
ESCUCHA DESDE CUANDO TODO EN PLATAFORMAS
Míriam vuelve a armarse de ideas para LISASINSON. Después de Un año de cambios –un disco que mostraba el esfuerzo de un grupo por rehacerse ante un cambio de formación- está acompañada de grandes músicos y demuestra que es una artista prolífica. En pocos meses nos ha dejado un montón de singles que anunciaban la llegada de este Desde cuándo todo, un álbum que confirma a una creadora personal que incide en las temáticas que la obsesionan: los cambios, la pérdida, la ciudad, recuperar la ilusión y disfrutar del momento.
En este viaje la han acompañado e inspirado las letras de Cris Lizarraga, Beatriz Serrano, Anna Pacheco, Marina Garcés, Emily Austin, Lucía Lijtmaer o Raquel Congosto.
Le pregunto acerca de esta nueva etapa vital en forma de disco y ella no duda en sacar todo hacia fuera sin reparos.
Tu nuevo disco se llama Desde cuándo todo. ¿Qué significa ese título para ti?
El título salió casi de forma instintiva. Estaba leyendo un capítulo de Anna Pacheco en (h)amor amigas y vi ese “desde cuándo todo”, y fue como… ya está. Sentí que tenía que ser el título del disco. Me lo apropié en el buen sentido. Para mí es una pregunta abierta. ¿Desde cuándo todo qué? Desde cuándo todo cambió, desde cuándo todo pesa más, desde cuándo haces cosas que antes no hacías, desde cuándo aceptas ciertas dinámicas. Me gusta que no tenga una respuesta cerrada, que cada persona pueda completarla a su manera. El disco va bastante por ahí: por esa sensación de darte cuenta de que algo se ha movido en tu vida, aunque no sepas exactamente cuándo pasó. Y esa incertidumbre me parecía un buen punto de partida para todo el álbum.
En este álbum te inspiraste en muchas escritoras. ¿Cómo influyeron Lucía Lijtmaer y Anna Pacheco en tus letras?
He leído bastante en estos años y todo eso, inevitablemente, se ha ido colando en el disco. No han sido solo ellas dos, pero si tengo que hacer referencias más concretas, puedo nombrar Cauterio de Lucía Lijtmaer, que me encantó, o Estuve aquí y me acordé de nosotros, de Anna Pacheco. De hecho, la canción «Estuve en Valencia y me acordé de ti» es un guiño bastante directo a ese libro. No es una adaptación ni nada literal, pero sí una referencia consciente.
Son libros que me acompañaron durante el proceso de escritura y que conectaban mucho con el momento en el que yo estaba: esa revisión de las relaciones, de las expectativas, de las propias contradicciones. El disco no está basado en ellos, pero sí siento que influyeron en el tono más reflexivo de las letras. Al final fueron muchas lecturas, pero esos libros forman parte importante del contexto emocional e intelectual en el que nació el álbum.
Algunas canciones son melancólicas, otras muy enérgicas. ¿Cómo decides ese equilibrio dentro del disco?
La verdad es que no lo decido de una forma súper calculada. No me siento a pensar «ahora toca una lenta» o «ahora necesito una rápida».
Las canciones van saliendo según cómo estoy yo en ese momento: si estoy más cansada o más reflexiva, salen cosas más melancólicas; si estoy más ansiosa o con más rabia, salen canciones más enérgicas. Esta vez no he pensado mucho en el conjunto del disco.
El equilibrio nace bastante de forma natural, porque yo tampoco soy una sola emoción. En el mismo mes puedo estar triste, enfadada, ilusionada y agotada. El disco simplemente refleja esa mezcla.
Canciones como «Salgo a la calle» o «Me acostumbré» tienen un tono muy introspectivo. ¿Qué buscabas transmitir con ellas?
En esas canciones simplemente necesitaba parar un poco y hablar desde un lugar más tranquilo. No quería gritar ni ir rápido, sino contar cosas más hacia dentro.
«Salgo a la calle» tiene mucho de esa sensación de sentirte un poco rara o fuera de sitio. Y «Me acostumbré» habla de cuando te adaptas a cosas que no te hacen del todo bien, pero lo asumes casi sin darte cuenta.
No buscaba nada muy grande, solo ser honesta con esas sensaciones más pequeñas y más cotidianas.
La portada está inspirada en Ofelia de Millais. ¿Qué relación tiene la parte visual con la música?
Siempre me ha impresionado esa imagen: esa mezcla de belleza y tragedia, de calma aparente mientras en realidad te estás hundiendo. Me parecía una metáfora bastante clara de cómo he vivido la música muchas veces —con mucha entrega, a veces hasta el límite.
Visualmente quería reflejar esa sensación que también está en el disco: vulnerabilidad, cansancio, pero también algo muy estético y muy cuidado. No es una imagen dramática en exceso, es más bien silenciosa. Y el disco tiene algo de eso también.
La parte visual y la música dialogan en esa idea de entrega, de preguntarte hasta dónde das y qué pasa cuando te quedas flotando entre seguir o soltar.
-De repente todo recaía más directamente sobre mí, y eso te obliga a mirar el proyecto con otra seriedad-
Después de varios discos, ¿cómo ves tu evolución musical hasta Desde cuándo todo?
La veo bastante natural, la verdad. No siento que haya habido un giro radical, sino más bien un crecimiento progresivo.
Al principio todo era más impulsivo, más inmediato, con mucha energía y menos filtro. Con el tiempo he ido escuchando más música, he cambiado yo, han cambiado mis circunstancias… y todo eso se ha notado.
Desde cuándo todo me parece el disco más consciente que he hecho hasta ahora. No más perfecto, pero sí más alineado con el momento vital en el que estoy.
Si tuvieras que definir este disco en una frase para alguien que lo escucha por primera vez, ¿cuál sería?
Darte cuenta de que las cosas han cambiado, aunque no sepas muy bien cuándo pasó.
¿Hubo algún momento del disco que te supuso un reto creativo o técnico?
El mayor desafío fue no repetirme. Después de dos discos, es fácil caer en fórmulas que ya sabes que funcionan. En este álbum intenté ir un poco más allá, escribir desde un lugar más reflexivo sin perder naturalidad. Eso fue complicado, porque siempre está el miedo a pensar demasiado las cosas.
A nivel técnico, también fue un reto trabajar las canciones con más espacio y menos velocidad. Estoy acostumbrada a apoyarme mucho en la energía y en lo inmediato, y aquí tuve que aprender a sostener canciones más pausadas sin que perdieran intensidad.
Después de Un año de cambios, ¿cómo ha influido la partida de Paula en tu proceso creativo?
La salida de Paula fue un momento delicado, sobre todo a nivel personal, pero bonito, porque Paula lo hizo todo muy bien. Compartimos el inicio del proyecto y eso siempre pesa. Pero si soy sincera, en lo creativo no supuso un cambio tan radical, porque la composición y la dirección de las canciones ya partían mucho de mí.
¿Sientes que con este disco has alcanzado un punto de madurez creativa que te permite experimentar con mayor libertad?
Lo que sí cambió fue la sensación de responsabilidad. De repente todo recaía más directamente sobre mí, y eso te obliga a mirar el proyecto con otra seriedad. Ya no hay tanto reparto emocional, por decirlo de alguna forma. No transformó el sonido de manera brusca, pero sí el proceso. Me hizo estar más consciente de cada decisión y asumir que, si seguía adelante, era porque realmente quería hacerlo. Y eso, aunque fue duro al principio, también me dio bastante claridad.
Sí, creo que sí, pero no en el sentido de hacer cosas rarísimas o súper experimentales. Más bien en el sentido de estar más tranquila con lo que hago.
Siento que ahora me doy más permiso para probar cosas sin pensar tanto si «encajan» con lo que se espera de mí. Si una canción necesita ir más lenta, va más lenta. Si necesita ser más directa, lo es. Ya no tengo tanta presión por mantener una etiqueta concreta.
Esa madurez tiene más que ver con la libertad interna que con el sonido en sí. Me siento más segura para seguir mi intuición, incluso cuando me lleva a lugares menos evidentes. Y eso, para mí, ya es un avance importante.
¿A qué película o serie de televisión te hubiera gustado ponerle banda sonora?
¡A Los años nuevos!. Tiene esa cosa muy generacional, muy de paso del tiempo, de relaciones que cambian mientras tú también cambias… y eso conecta muchísimo con lo que cuento en Desde cuándo todo.
¿Cuál sería tu cronología musical?
De pequeña —y la verdad es que todavía me siguen gustando— era muy fan de Belinda, de Tokio Hotel, de todo el universo Rebelde… Me encantaba esa intensidad adolescente, el drama, las canciones que lo eran todo cuando tenías catorce años.
Luego, en la adolescencia, empecé a escuchar más música en valenciano como Obrint Pas o La Gossa Sorda. Ahí descubrí otra forma de vivir la música, más colectiva, más vinculada al contexto y a la identidad. También fue importante para mí entender que podía haber referentes cercanos.
Después, ya fui pasando por el indie, el pop de guitarras, cosas más rápidas, más punki… Y poco a poco he ido ampliando muchísimo lo que escucho, pero, la verdad, es que no reniego de nada. Creo que todo eso, desde Belinda hasta Obrint Pas, forma parte de lo que soy musicalmente. Y al final todo se queda en algún sitio y acaba saliendo de una manera u otra.

PRÓXIMOS CONCIERTOS
https://elefant.com/grupos/lisasinson/conciertos
23 de enero – VALENCIA
Firma de discos y showcase
Discos Oldies
Entrada gratuita
29 de enero – BARCELONA
Firma de discos y showcase
La Botiga de El Genio Equivocado
Entrada gratuita
14 de febrero – MADRID
El Sol
Entradas
7 de marzo – VALENCIA
16 Toneladas
11 de abril – BARCELONA
Heliogàbal
18 de abril – PIZARRA (MÁLAGA)
Festival Al Andalus
Entrada gratuita
18 de julio – CASTRO-URDIALES (CANTABRIA)
Festival Sonórica