ENTREVISTAMOS A ANNAPURNA, QUE ACABA DE SACAR «SENTIR ALGO»
Todo comenzó hace prácticamente una década, cuando Álvaro (guitarra) solía asistir a los conciertos de Decembird, antiguo grupo de Mike (voz y guitarra) y Adri (batería), en la penumbra de aquellas pequeñas y abarrotadas salas en el centro de Murcia. En la primavera de 2022 se mudan a Madrid y a su llegada aparece Valín (voz y bajo), recién llegado desde Valladolid. Gracias a una tarde veraniega de 2023 un proyecto común
entre compañeros de carrera y grandes amigos se forja: Annapurna.

«Lo que nos hace felices es ser alguien normal«
Acabáis de sacar vuestro EP «Sentir algo», un disco que navega entre varios estilos musicales, con toques de shoegaze, misemo… aunque más pop-rock o mayoritariamente rock ¿Qué sensaciones tenéis después de haberlo lanzado?
Estamos súper contentos con cómo se ha recibido el EP por parte de los oyentes que lo han ido escuchando, y las críticas en general han sido muy positivas. Estamos muy contentos con el sonido y con lo que hemos conseguido hacer de las canciones. Y como decías, pues bueno, son canciones en las que al final tocamos varios estilos, que son los que escuchamos en nuestro día a día y lo que nos influye más; pero al final pues todo se abarca en el rock y en la música de guitarras, que es lo que nos gusta. Ponerle nombres a todo es un poco complicado. Creo que hemos hecho cuatro canciones de las que estamos orgullosos, que son dinámicas, fluidas, fáciles de escuchar y que además abarcan una temática a nivel lírico que tiene un sentido. Incluso en el orden del EP tienen cierta coherencia; a las letras también le hemos puesto bastante cariño.

Precisamente hablando de las letras, en «Alguien normal», como el título de la canción dice, «quiero ser alguien normal». ¿A veces esa normalidad es lo más complicado?
Sí, la canción que le da nombre a «Sentir algo» pues habla un poco de eso. Intentamos tratar el tema de la velocidad con la que vivimos a veces, tanto a nivel de estudios para quien está estudiando, como a nivel de trabajo para los que estamos ya en el ambiente laboral. Es un poco la dinámica vital que se vive ahora, sobre todo en las grandes ciudades, donde se va automatizando todo de un lado para otro y muchas veces sin pensar; teniendo que ponernos esa máscara de ser alguien que no somos para triunfar en ciertos puntos de la vida. Al final, lo que nos hace felices es ser alguien normal que, aunque para cada uno «normal» sea una cosa distinta, es ser lo que queremos ser y disfrutar de la vida que nos gusta llevar.
«Miniatura n.º 15» es una canciónr rebosante de rock, donde a veces el protagonista ¿se pregunta si ha sido un sueño o si vive un sueño.?
Sí, eso es. «Miniatura n.º 15» es una canción en la que le metemos un poco más de influencias también de literatura, del libro de Stefan Zweig. Y bueno, habla un poco de la velocidad con la que puede transcurrir una cita o el momento en el que conoces a alguien; muchas veces esa sensación de que el tiempo, según te lo estés pasando mejor o peor, va a distinta velocidad. A veces, al contrario que en «Alguien normal» —que es una canción más densa y pesada con respecto al contenido vital—, «Miniatura n.º 15» es justo lo contrario: te lo estás pasando bien y cuando acaba dices: «Joder, ¿lo habré soñado o de verdad esto ha acabado tan rápido?».

«Cadaqués», sería la más nostálgica de todas.
Sí, en «Cadaqués» creo que dentro de la propia canción hay una evolución de la historia. Cuando estás empezando a conocer a alguien y el miedo que tenemos todos —que es normal— a abrirnos a cualquier persona que entra en nuestra vida. A dar el paso de decir lo que realmente sientes… cuando sale bien y la otra persona es receptiva, realmente es el mejor sentimiento que se puede tener: que haya alguien al otro lado que te está escuchando, que te comprende y que le gusta cómo eres.

En «Las palabras», decís: «las tenía en la punta de la lengua». Hay veces que hay como una fuerza sobrenatural que no nos deja decir lo que sentimos realmente, que nos echa para atrás.
Justo «Las palabras» a lo mejor es el lado contrario a «Cadaqués». Cuando tienes esa sensación de querer decir algo, de querer explicar algo, pero no ves que la otra persona lo vaya a entender o tú no sabes cómo explicarte mejor para hacerte entender. Al final es un sentimiento que queda ahí dentro y que, al no poder expresarlo bien, pues como que quema y te crea esa ansiedad o esa presión que la canción intenta reflejar también a través de su velocidad.

Antes nos decías en «Alguien normal» la velocidad con la que se vive ahora, la forma que tenemos de vivir. ¿qué tal lleváis las redes sociales? ¿son una pesadilla o se puede conseguir un equilibrio?
Pues bueno, yo creo que la mayoría de los grupos que conocemos y nosotros mismos, si tenemos que elegir entre pesadilla o no pesadilla, probablemente sea pesadilla. Al final, el arte tiene muchas facetas y no siempre ser músico significa ser bueno delante de la cámara o ser un buen creador de contenido. Es verdad que a veces parece que eso supera a la música. En «Alguien normal» intentamos hablar un poco de eso: a veces nos sentimos alguien que no somos. Lo de estar subiendo todo el rato contenido, vídeos y recordatorios… nosotros somos músicos y nos gusta hacer música, nos gusta que la gente nos escuche. A veces la sensación de tener que estar delante de la cámara casi más tiempo que tocando nos hace sentir que no es lo nuestro. Pero bueno, el mundo funciona así, tanto las redes sociales como la industria musical actual.
Por esa parte, puede que haya facilitado un poco el llegar a más gente. Hace 30 años, sin redes sociales, dependías completamente de que un sello te cogiera y fuera quien te moviera. Ahora, toda la parte independiente y del «Do It Yourself» está un poco más a mano de todos, y el precio a pagar es ese.
¿Creéis que falta algo de educación musical?
Yo creo que en los colegios, más allá de la música —que es lo que nos gusta a todos en este mundo—, lo que falta es tiempo para ser creativo en cualquier ámbito. Obviamente no todo el mundo tiene pasión por la música, hay gente que tiene pasión por otros tipos de arte. Creo que el sistema educativo que tenemos ahora es bastante enclaustrador en el sentido de que todo es muy teórico. Incluso la asignatura de música: todos la hemos dado, pero según mi experiencia se enfoca en cosas muy teóricas que, de niño, no te enganchan e incluso puedes llegar a despreciar. Falta ese espacio más creador, más espacio a la imaginación para que los niños tengan la sensación de que crear no está al alcance de unos pocos privilegiados o superdotados, sino que todo el mundo tiene un cachito de artista dentro y tiene que saber expresarse.

¿A qué grupos o artistas gustado ver?
He tenido suerte de que casi todos los grupos que he querido ver, los he visto. Probablemente si preguntases a Miguel, el guitarrista, que es un pelín más clásico, te diría más. Yo siempre lo pienso: no tiene nada que ver con nuestro estilo musical, pero joder, a nivel de show y por lo que decía la gente de él, creo que un concierto de Michael Jackson tenía que ser otra movida, más allá de que te guste lo musical o no.
Yo no he visto nunca a un grupo canadiense que se llama Billy Talent. Los llevo escuchando desde que soy súper pequeño y me han influido muchísimo. Yo que soy el bajista, su bajista creo que ha sido uno de los que más me ha influido a la hora de tocar. Es un grupo que las pocas veces que se reúne no pasa por España y me da bastante rabia.
¿Cuál sería tu cronología musical?
Pues tengo el recuerdo de las dos caras de la música. Por un lado, tenía a mi padre poniéndome música en español de su época de los 80; me acuerdo de ir en el coche escuchando a M Clan, Los Rodríguez y mucho a Siniestro Total, que me hacían mucha gracia. Luego, cuando fui creciendo, el primer recuerdo internacional estando en primaria fue Michael Jackson. Un hermano de mi padre me descargó toda su discografía en un MP3 y, como solo mi tío sabía descargar cosas, yo escuchaba lo que él me mandase.
A partir de los 12 o 13 años, en el instituto, tenía un primo un poco mayor que era más roquerillo y me empezó a influir. Mi grupo de la adolescencia fue Green Day; marcó el paso hacia el rock y el punk rock. A partir de ahí, todos los grupos americanos: Sum 41, Blink-182… toda esa amalgama. Luego, a nivel europeo, un colega del instituto me enseñó a Muse .
La otra cara que recuerdo era el «Disco Estrella» con los temas del verano. Yo no entendía cómo toda esa música podía existir a la vez, pero me lo pasaba muy bien escuchándola. De mayor, he escuchado poca música en español hasta hace poco. Soy de Valladolid, pero los otros tres compañeros de Annapurna —Miguel, Adri y Álvaro— son murcianos. En Murcia hay otra movida distinta de la que no me enteré hasta años después; ellos han escuchado todos los grupos del indie español. Yo en Valladolid, estando más cerca del norte, descubrí a La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) cuando sacaban el primer single de su primer disco. Ahí me cambió el chip y dije: «Joder, aquí en España también se hacen cosas».
¿En qué escenario o país os gustaría tocar?
Para mí el Sonorama es lo máximo. También últimamente hemos descubierto el Canela Party, que está haciendo las cosas fenomenal y todos los grupos que nos gustan van allí. El Sonorama tiene ese punto nostálgico, pero ambos nos valdrían. A nivel internacional, los cuatro estamos de acuerdo en que Glastonbury.
¿A qué película o serie de televisión te gustaría ponerle banda sonora?
No soy el más cinéfilo de los cuatro, pero una de las series que más disfruté y cuya música me encantaba era Peaky Blinders.
¿Nos podríais contar alguna anécdota?
Como somos un grupo jovencillo no sé si tenemos demasiada. Te cuento dos. Una más seria que nos acaba de pasar: la semana anterior, en el concierto de presentación del EP en una sala de Madrid. El trato no fue el mejor; faltaba backline básico para microfonear los amplis y batería. La prueba de sonido fue tan regular que nos planteamos no tocar. Pero empezó a llegar la gente, nuestros mejores amigos… les contamos la situación media hora antes: «Oye, no sabemos si vamos a tocar porque nos da miedo que esto no suene como tiene que sonar». Al final, el calor de la gente nos hizo tirar para adelante por quienes habían comprado la entrada. El concierto salió genial y las críticas han sido muy buenas. Tenemos el recuerdo un poco borroso por los nervios, pero cuando tienes las cosas trabajadas y el calor público te apoya, hay que apretar los dientes y hacer las cosas.
Y como anécdota graciosa, en nuestro segundo concierto, que fue en la Wurlitzer Ballroom, que para nosotros es un templo. Tuvimos un problema con el pedido del merchandising y las camisetas no llegaron a tiempo. Lo habíamos anunciado y no las teníamos. Álvaro, que se encarga de estas cosas, había hablado con una tienda de reprografía de Madrid que le dijo que si, si llevábamos nosotros las camisetas, ellos las imprimían en un momento. Después de la prueba de sonido, Álvaro salió corriendo al Primark de Gran Vía, compró 20 camisetas, las llevó a la reprografía y casi no llega al concierto. (risas)