INÉS DE LIS

JUEGA A SER SU YO DEL FUTURO Y SU YO DEL PASADO EN SU LP DEBUT

INÉS DE LIS JUEGA A SER SU YO DEL FUTURO Y SU YO DEL PASADO EN SU LP DEBUT

La que fuera frontwoman de Faneka debuta con «TIME HONEY», a tientas entre el lo-fi folk, el cancionismo alternativo y el antifolk

Como si la Inés del siglo XXIII hablase con la Inés del siglo XIX. Ese es el diálogo que se impone en el fabuloso «TIME HONEY», el álbum de debut de Inés de Lis, que tras varios años como frontwoman del proyecto de folk-pop alternativo Faneka, emprende ahora camino en solitario con un álbum que es una absoluta fantasía.

Casi como un diálogo entre Jekyll y Hyde, el cancionero que firma Inés de Lis habita dos espacios: uno, el de unas canciones que, aunque con el folk alternativo y el cancionismo contemporáneo como punto de partida, la producción de la propia Inés junto a su escudero Jan Raydán, nos llevan a un código casi futurista, de lo que ella ha definido «glitch folk», donde las interferencias de los cables, la electrónica (o indiefolktrónica, incluso) y una mirada declaradamente pop, la convierte en una cantautora modernista, que proyecta otras texturas para el formato canción, como demuestra en «If I Didn’t Know Better», «Body & Mind» y «Reality has been jinxed».

El otro costado nos lleva a pensar en aquellas grabaciones de campo que se hacían a principios del siglo XX, lo que se entendía como ‘recogidas’, y que han atravesado la música tradicional pero también géneros como el blues o el folk. Es natural que cuando oigamos piezas como «Thyme Honey» o «Foxy Fox» pensemos en el registro de las grabaciones de «Folkways», por ejemplo.

Ese grano casi a Peggy Seeger, Woody Guthrie, Elizabeth Cotten, Malvina Reynolds o Phil Ochs dialoga directamente con canciones que son absolutas declaraciones pop que basculan entre el easy listening y el pop de autor más melódico de artistas como Natalie Imbruglia, Joan Osborne, Eagle-Eye Cherry o Eels.

Además, esa amalgama casi antifolk o lo-fi folk que orbita en la mitad del cancionero se permite reversionar a uno de los mayores templos de la canción de baja fidelidad, como es el clásico «True Love Will Find You in the End» de Daniel Johnston o el clásico de culto «One Morning in May» de Jean Ritchie.

Una absoluta fantasía que comprime y expande, a la vez, los límites del nuevo cancionismo contemporáneo estatal pero con una declarada vocación global.

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