LAMBCHOP

Regresan con "Punching The Clown"

LAMCHOP regresan con «Punching The Clown»

El universo musical de Lambchop en 2026 está formado por: voz, coros, banjo y guitarra. Eso es todo lo que necesita Punching The Clown, el nuevo álbum de la banda. Con esta formación han creado una música situada en algún lugar entre el gospel, el folk y el country. Por un lado, es contenida y despojada de artificios. Por otro, increíblemente rica y poderosa. Por cierto, Justin Vernon toca el banjo. Y, en lo que respecta a la composición, Kurt Wagner ha sido más exigente que nunca: aprendió de los mejores y decidió dar cabida únicamente a aquellas canciones que realmente estuvieran a la altura. Así, Punching The Clown, publicado en el año 33 de la trayectoria de la banda, se convierte en una nueva obra maestra dentro de la ya extraordinaria discografía de Lambchop.

Nashville, 2024. Kurt Wagner conducía hacia una gasolinera cuando una vieja canción comenzó a sonar en la radio del coche y ya no pudo quitársela de la cabeza. “Era una canción sencilla”, recuerda. “Un banjo sosteniendo un único acorde y unas pocas voces cantando por encima.” Una mezcla de folk, country y gospel. “Era sobrecogedora. Bellísima.”

Durante varios días, Wagner intentó averiguar qué canción era aquella que tanto le había impresionado. No lo consiguió. En cambio, durante esa búsqueda descubrió una forma de música prácticamente olvidada que, sin embargo, sigue ejerciendo una enorme influencia sobre el country y el folk actuales. Se trataba del «lining out», una forma de canto surgida en las iglesias británicas del siglo XIX, cuando buena parte de la población todavía no sabía leer. Un cantor principal, conocido como clerk, entonaba una melodía sencilla y recitaba los versos, que eran repetidos inmediatamente por la congregación. Aquella tradición musical cruzó el Atlántico junto a los colonos y terminó integrándose en el gran crisol cultural estadounidense del que nacerían el gospel, el country y el folk de los Apalaches.

Mucho antes de empezar a grabar, una idea ya había tomado forma en la mente de Kurt Wagner: hacer un disco de Lambchop que reflejara el espíritu de aquella música y de aquella misteriosa canción escuchada por casualidad en la radio.

Punching The Clown es ese disco.

No es extraño que Kurt Wagner tenga una idea muy concreta antes de comenzar un nuevo proyecto. Hay numerosos ejemplos a lo largo de la singular discografía de Lambchop.

En 1997 tituló el tercer álbum de la banda Thriller, con la esperanza de que el simple hecho de compartir nombre con el disco de Michael Jackson ayudara a multiplicar las ventas. En el año 2000 llegó el ya clásico Nixon, una brillante combinación entre el soul y el country, entre Curtis Mayfield y Hank Williams. Dos años después publicó Is A Woman, un trabajo construido alrededor del piano. Más adelante, con FLOTUS (2016), introdujo el Auto-Tune en el universo sonoro de Lambchop. Lo hizo por una razón muy pragmática, como él mismo explica:

En aquel momento, el Auto-Tune era como un compañero que estaba a mi lado.”

En esencia, cada uno de los dieciséis álbumes que Lambchop ha publicado hasta la fecha ha perseguido el mismo objetivo: reinventar continuamente el sonido de la banda partiendo siempre de lo que ya habían construido.

Podría pensarse que, después de treinta y tres años de carrera y dieciséis discos, ya no quedaban demasiados caminos por explorar.

Y entonces llega Punching The Clown.

En cuestión de segundos, el oyente entra en un nuevo universo de Lambchop donde todo suena fresco y, al mismo tiempo, maravillosamente familiar.

Es como regresar, en un sueño, a uno de esos lugares que siempre has sentido como hogar.

Las nuevas canciones están, por supuesto, marcadas por la voz de Kurt Wagner.

Nadie canta ni habla como él. Su forma de interpretar es un arte en sí mismo; debería existir un Grammy únicamente para reconocer su voz. En esta ocasión, Wagner ha prescindido por completo del Auto-Tune. En su lugar, ha incorporado coros. En el álbum pueden escucharse dos formaciones vocales, ambas dirigidas por Blake Morgan: una, formada por seis voces, grabada en Eau Claire; la otra, con once cantantes, registrada en Londres. Pero estos coros no se limitan a acompañar a Wagner: mantienen con él un diálogo constante y lleno de vida.
“Ahora ellos son mis nuevos compañeros, igual que antes lo era el Auto-Tune”, explica. Y luego está el banjo. “No soy un gran admirador de este instrumento”, reconoce Wagner. “Tiene demasiado «yeehaw»…”

Muchos músicos habrían decidido simplemente evitarlo. Él, en cambio, encontró precisamente ahí una motivación. “Cuando consigues superar tus propios prejuicios, descubres cosas nuevas.” El objetivo era claro: conseguir que el banjo sonara atractivo, moderno e inesperado. Y entonces apareció la persona perfecta.

A más de 1.200 kilómetros al norte de Nashville, en Eau Claire (Wisconsin), había alguien que llevaba un tiempo explorando intensamente las posibilidades del banjo: Justin Vernon, líder de Bon Iver.

Una estrella internacional, sí, pero también un auténtico apasionado de la música que aceptó inmediatamente la invitación de Kurt Wagner para formar parte de esta nueva etapa de Lambchop.

Así nació esta formación: Kurt Wagner y Andrew Broder (que lleva varios años acompañándolo en directo como pianista), los coros dirigidos por Blake Morgan y Justin Vernon al banjo. Nunca antes había existido un grupo como este. Y tampoco una banda como Lambchop.

También merece una mención especial el productor Ryan Olson. “No es simplemente alguien que trastea con botones”, dice Wagner, “sino alguien que deja su huella como artista.”
En Punching The Clown, esa huella se manifiesta en forma de pequeños glitches: leves interrupciones, desplazamientos y accidentes sonoros que aparecen de forma inesperada.

Ya en la primera y bellísima canción del álbum, «Just West Of Nicolett», una voz irrumpe de repente diciendo: «Lambchop, no shit!»

“Me gusta cuando esas pequeñas interrupciones aparecen justo en el momento en que menos las esperas”, explica Wagner. Como destellos fugaces que atraviesan un paisaje sonoro de enorme belleza.

Precisamente porque esta formación era tan buena y tan especial, Kurt Wagner sabía que necesitaba canciones capaces de estar a su altura.

Me tomé muy en serio el trabajo de escribir este disco.”

Para ello estudió cómo trabajan algunos de los mejores compositores, leyó biografías, analizó sus canciones y comenzó a hacerse preguntas a sí mismo:

¿Qué es exactamente lo que te emociona de tus canciones favoritas? ¿Por qué funcionan? ¿Y cómo puedes trasladar esas mismas ideas a tu propio universo?
Después llegó el momento de escribir. Los primeros intentos fracasaron. Así que volvió a empezar. Las cosas mejoraron, pero seguía sin ser suficiente. Volvió a empezar una vez más.

Y entonces pidió al guitarrista Andrew Broder que escribiera junto a él. Fue en ese momento cuando todo terminó encajando. Compusieron treinta canciones y las grabaron en forma de maquetas. Después llegó el momento de elegir únicamente doce y decidir el orden que tendrían dentro del álbum.

En realidad, la estructura de Punching The Clown ya estaba completamente definida antes incluso de que comenzara la producción.

Desde el primer momento concebimos el disco como una obra completa”, afirma Wagner.

Por eso el álbum suena tan cohesionado y tan seguro de sí mismo. Eso siempre ha sido característico de Lambchop. Pero esta vez hay algo más.

La calidad de las canciones, la singularidad de esta formación, los arreglos y la producción convierten Punching The Clown en una auténtica obra maestra dentro de la ya extraordinaria discografía de Lambchop. Y también están las letras. Letras capaces de hacerte caer de rodillas.
Todo comienza desde el primer verso del álbum: “Soy una calculadora humana, y nunca me equivoco.” («I’m a human calculator, and I never make mistakes.»)

«Weakened», el primer sencillo del álbum, es un himno para los espíritus frágiles en un mundo febril. La canción se sostiene sobre un delicado diálogo de voces que acaba desembocando en una coda coral capaz de demostrar toda la fuerza que puede generar esta nueva formación de Lambchop. Es una música que no necesita hacer ruido para crecer; encuentra su fuerza en su propio interior.

«Doctor In The House» describe una escena extraña que termina como el desenlace de un peculiar musical off-Broadway.

«White People» es una diatriba contra la arrogancia y la mediocridad.

«To Do», por su parte, es una lista de todas esas cosas importantes que aún quedan por hacer antes de que llegue el final.

Como ocurre siempre con Kurt Wagner, estas letras son, al mismo tiempo, profundamente divertidas y profundamente tristes.

Exactamente igual que la película que da nombre tanto al álbum como a su canción principal.

Punching The Clown (2009) es un falso documental del músico y humorista Henry Phillips que aborda el absurdo de la industria musical y la posición del compositor como alguien que forma parte de ese engranaje, pero que al mismo tiempo permanece al margen de él.

La delicada canción folk «Stella» habla del amor y de la amistad como sólo Kurt Wagner sabe hacerlo: de una manera desgarradora, pero sin caer jamás en el sentimentalismo.

«The New World Wave» es una saga familiar ambientada durante la Gran Depresión. Jonathan Franzen necesitaría mil páginas para contar una historia como esta; Kurt Wagner lo consigue en apenas cinco minutos, acompañado por unos coros que evocan a los Beach Boys o a The 5th Dimension.

La última canción del disco, «No Chicago», demuestra que existen bandas capaces de cantar incluso un listín telefónico y conseguir que suene hermoso.

Aquí lo que se recita son nombres de ciudades: Dallas, Denver, Barcelona, Madrid… e incluso Karlsruhe. ¿Ha aparecido alguna vez esta ciudad en una canción popular?

Primero entran los coros. Resulta asombroso escuchar cómo resuena el polifónico «Oklahoma».

Kurt Wagner no aparece hasta el final, cuando canta, con enorme tristeza:

«No Chicago.»

¿Y cuál es la historia detrás de esa frase?

La lista de ciudades corresponde al itinerario real de la gira de unos amigos míos”, explica Wagner. “Tuvieron que cancelarla antes de tiempo porque existía la sospecha de que uno de los músicos había sufrido un ictus. De ahí: «No Chicago». Nunca llegaron a tocar allí.” Afortunadamente, el susto quedó en eso y todo terminó bien desde el punto de vista médico. “Pero verse obligado a interrumpir una gira sigue siendo un pequeño desastre para cualquier banda”, añade Wagner.
Eso es precisamente lo que él sabe hacer como artista. Transformar el drama de una gira cancelada en una canción que, durante cuatro minutos, suena como una de las piezas más hermosas que puedas escuchar.

Punching The Clown está lleno de momentos como ese. Está lleno de revelaciones.

Como aquella que vivió Kurt Wagner en 2024, conduciendo hacia una gasolinera mientras sonaba una canción en la radio que jamás logró identificar, pero que ya nunca abandonó su memoria.

La diferencia es que nosotros no tenemos que salir a buscar esa belleza.

Kurt Wagner nos la entrega directamente en forma de canciones, reunidas en este nuevo álbum de Lambchop.

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