CONSUELO LLEGA A NUESTRAS PLATAFORMAS DIGITALES
-hay un disfrute de incomodar a la gente-
Cuando Los Sara Fontan comenzaron a tocar allá por 2019, decidieron hacerlo sin grabar discos. Nunca. Una quijotada anti industria que aun así les ha permitido tocar y sorprender a cientos de espectadores durante sus conciertos.
Faveamos Consuelo (Aloud Music / Gandula, 2026) en nuestros reproductores para adentrarnos en ese universo que plantean Los Sara Fontan, que no dejan de sorprender cada vez que llegan a nuestros oídos.
Una experiencia sonora que siempre va más allá. Los directos, las canciones… cada escucha se crece a cada instante, con lo que hay alrededor, dejando claro que Los Sara Fontan hacen de su música algo orgánico.
Tenerles frente a frente para conversar de este último trabajo ha sido una extensión de sus directos: se respira la misma intensidad cuando miras a Sara explicar con la voz y con sus gestos lo que ha significado para ellos volver a crear canciones.
Sonáis a Proyecto Colectivo, pero sois un dúo. ¿Cómo nació el nombre y qué importancia dais a esa ambigüedad?
Sara: El nombre nació de un chiste, porque yo empecé tocando yo sola, haciendo improvisación libre. Después de años de llevar tocando, empecé a ir yo sola, de vez en cuando, a hacer esta impro libre. Llegó un momento en el que empezaron a aparecer algunas partes más estructuradas y, de forma natural, él empezó a acompañarme en directo. Al principio era Sara Fontán tocando sola, pero con el tiempo ya había tres o cuatro piezas —quizá aún no podían llamarse canciones— y la idea de estar «sola» dejó de tener sentido. De ahí surgió el chiste: cuando venía él, todo se multiplicaba. Ya no era la Sara Fontan en singular, eran los Sara Fontan.
Más adelante hubo un pequeño debate sobre el nombre, porque aunque llevaba el mío, componíamos absolutamente todo juntos. Nos planteamos cambiarlo, pero al final nos hacía gracia y decidimos quedárnoslo, aunque no sin dudas. Para mí implicaba cierta responsabilidad, casi como esos nombres propios que parecen señalar a una sola persona.
¿Os sentís parte de una escena concreta o preferís moveros fuera de circuitos?
Sara: Somos muy parte de una escena. Somos parte de un ambiente, de un territorio, de una manera de pensar, de una manera de hacer. Y sí, nos sentimos, yo creo que, muy parte.
Edi: Y muy orgullosos de formar parte de un tejido de personas. La música es el nexo que nos une, pero que no son solo músicos, sino quienes están en colectivos autogestionados, quien es público entusiasta, melómanos, quien monta conciertos. Hay gente que trabaja en esto, que es amateur y es un circuito muy guay porque va un poco a la contra de lo que normalmente se concibe como es la industria musical, lo que se espera y hacia dónde tiene que ir un grupo, una sala de conciertos o un festival. Este tejido, pues, prefiere desafiar esto y mantenerse de una forma sostenible aparte de esta industria.
¿Y qué es lo que más buscáis? ¿Incomodar, sorprender o gustar al público?
Sara: Disfrutar. Y hacer disfrutar. Sí, creo que incomodar igual…No musicalmente, sino de otra manera, no sé si es incomodar como cuestionar, sorprender…
Uno siempre quiere gustar, pero si gusta, gusta y si no gusta, pues bueno…Creo que hay un disfrute de incomodar a la gente. He dicho muy rápido disfrutar como el centro, pero sí que me encanta incomodar en general.
Edi: Y disfrutamos mucho sorprendiéndonos. O sea, buscando cosas que nos sorprendan cuando componemos, eso sí, totalmente.
Al escuchar el disco me ha removido algo, y ha sido muy guay.
Sara: Tiene cierta agresividad este disco. Vivimos en un momento muy incómodo, pasan cosas muy duras, y este disco sí que es especialmente agresivo, pero desde un punto de rabia compartida.
Edi: Hoy en día muchas veces se le pide a la música que nos relaje o nos ayude a desconectar.
¿Creéis que la música también debería incomodar?
Edi: Sí, totalmente. Ese rol es necesario, pero no tiene que ser el único. La música también puede activarte, ponerte de mala leche respecto a ciertas cosas, hacerte reaccionar y descubrir partes de ti que no conocías.
¿Qué tema de vosotros, de Los Sara Fontan, elegiríais para alguien que no ha escuchado nunca vuestra propuesta?
Sara: Depende. Si quiero gustar o si quiero incomodar (risas). Si tuviera que elegir uno ahora mismo, elegiría «Creer Fuerte» porque es esperanzadora, tiene varias partes, varios mundos: electrónica, ritmos, violín, sintetizadores…Representa bastante bien nuestra propuesta y es una parte más luminosa para entrar al disco.
La siguiente pregunta iba justamente sobre «Creer Fuerte». ¿Qué buscabais explorar tímbricamente en esta canción?
Sara:Fue una canción muy compleja. Nació de una banda sonora que no se acabó haciendo, empezó en el ordenador y luego hubo que llevarla al cuerpo, a lo físico. Las voces están muy procesadas, no sabes bien si son nuestras o de otra persona.
Edi: Además, incorporamos sonidos de nuestra casa: pájaros, el cuco del pasillo… queríamos que el disco recogiera el espacio donde fue grabado.
¿También hay sonidos cotidianos en otros temas?
Sara: Sí. En «All The Bastards» está el ronroneo de nuestro gato, aunque está tan procesado que no parece un gato. La canción es muy agresiva.
Edi: Pensábamos en toda la gente que gobierna el mundo, hay mucha mala leche ahí.
En «Electra» trabajáis a partir de la ópera de Strauss. ¿Por qué os interesó Strauss?
Sara: Electra y Salomé son personajes femeninos muy potentes. Nos interesaba mostrar que la mujer no tiene por qué ser una santa: puede ser rabiosa, contradictoria, eufórica.
Edi: En la ópera se normaliza mucho que los hombres maten mujeres, pero cuando una mujer se sale del rol se la trata de histérica o loca.
¿Pensáis vuestra música desde el cuerpo, desde el baile, o el baile viene después?
Sara: El cuerpo está súper presente. Cuando una idea nace solo desde el ordenador nos cuesta más, siempre intentamos llevarla al cuerpo. Necesitamos estar ocupados en directo, no sabríamos simplemente darle al play.
¿Qué tipo de viaje emocional o sonoro proponéis con Consuelo?
Cada uno hará su propio viaje. Hay momentos de incomodidad, otros de calma, salidas del túnel y vueltas a empezar. No es un disco para acomodarse.
¿Diríais que ese «no acomodarse» es un eje común de vuestro trabajo?
Sara: Sí, cuando crees que estás en un sitio, pasa otra cosa; no te acomodes ni sonora ni emocionalmente.
Soleis tocar en colectivos autogestionados y salas amigas. ¿Qué os transmiten esos espacios?
Sara: Humanidad. Amor por la música sin que el dinero esté en el centro. Formar parte del todo: montar, desmontar, colaborar. Es una sensación de comunidad y pertenencia muy fuerte.
Vuestras canciones son cada vez más conceptuales. Antes sonabais más «desnudos». ¿A qué se debe ese cambio?
Sara: No queremos repetir fórmulas. Nos cuestionamos mucho y buscamos sorprendernos a nosotros mismos. Es una búsqueda constante, un aprendizaje continuo.
Edi: Yo creo que hay, por una parte, tu bagaje, de cada persona, pero también hay, el límite principal es lo tecnológico. Me refiero no solo a los pedales, sino a que tengo una batería que tiene un bombo, una caja, un golear. Y también nos vamos retando mucho a cómo puedo conseguir que con lo que tengo y con lo que puedo llevar una mochila.

Habéis compuesto bandas sonoras, ¿qué atractivo tiene para vosotros este tipo de formato, que no lo tenga un concierto, por ejemplo?
Edi: Es muy distinto, es otra cosa, sobre todo porque estás al servicio de otra disciplina y de otra gente con la que trabajas, no solo tocando un concierto de dúo, donde solo nos debemos a nosotros dos. Y otras emociones. Es muy guay porque te fuerza a salirte de tus propios límites. Un estímulo visual te lleva a otras cosas.
Sara: Hay cosas que no podemos hacer. No puedo componerte una canción como la compondría Nacho Vegas. Igual puedo copiar, pero que me salga de verdad, no.
Edi: Aun así, nos encanta hacer bandas sonoras. Es muy bonito el diálogo entre disciplinas y con la directora o la persona que se encarga de las imágenes.
Y ya para terminar, quería saber vuestra cronología musical.
Sara: Yo escucho música clásica desde pequeña por el ballet y la danza española. En la adolescencia intenté adaptarme escuchando cosas como Soundgarden, pero no me encajaban.
Luego me gustaban Nirvana, Red Hot Chili Peppers, Radiohead… y fui abriéndome cada vez más, incluso dentro del entorno clásico.
Edi: Yo vengo del grunge y del hardcore. Ahí aprendí una forma de entender la música desde la autogestión, la ética y la política. Con el tiempo me he ido abriendo a otros estilos, reconciliándome con músicas que escuchaban mis padres, y espero no volver a cerrarme nunca, sino seguir siendo permeable a cualquier sonido.