RÜDIGER convierte el amor en un acto de resistencia en Love is a Muscle, su disco más luminoso y ambicioso

Entre Neil Young, Kurt Vile y Fleetwood Mac, Felix Buff firma un álbum donde el folk, el rock y la electrónica dialogan para hablar del amor, la memoria y la necesidad de seguir creyendo en los demás.
Tras conquistar a la crítica con sus dos primeros trabajos, Rüdiger presenta un disco profundamente autobiográfico que llega acompañado de una gira por la península.
¿Qué queda cuando el ruido se apaga? ¿Qué permanece cuando las certezas se tambalean? Para Rüdiger, la respuesta sigue siendo la misma: el amor.
Después de dos álbumes y un EP que lo consolidaron como una de las voces más personales de la escena independiente, Felix Buff regresa con Love is a Muscle, un trabajo que supone un paso adelante tanto en lo musical como en lo emocional. Publicado por Usopop Diskak y Les Disques du Paradis, este tercer álbum explora el amor desde todos sus ángulos posibles: el romántico, el familiar, el político, el que sentimos hacia nosotros mismos e incluso el que debemos aprender a recuperar cuando creemos haberlo perdido.
«El amor es un músculo. Si deja de ejercitarse, se atrofia.»
Esa sencilla idea vertebra un disco luminoso, esperanzador y profundamente humano que, sin renunciar a la melancolía característica de Rüdiger, encuentra belleza precisamente en la vulnerabilidad. En una época marcada por la polarización, la incertidumbre y el aislamiento, Buff reivindica el amor como una forma de resistencia cotidiana.
Felix Buff sorprendió a propios y extraños cuando aparcó momentáneamente las baquetas (Willis Drummond, Joseba Irazokia eta Lagunak, GU…) y se puso al frente de Rüdiger para dar rienda suelta a su vertiente compositiva y de frontman. Cierto es que este salto no sorprendió tanto a sus más allegados porque conocen de sobra el bagaje musical que atesora el artista residente en Bera (Nafarroa).
Resulta una excelente noticia que la aventura goce de continuidad, porque nos permite ser testigos de la evolución de un proyecto que destaca por un gusto exquisito y el cuidado de los detalles.

Lo bueno es que, sí, esa ensalada de sabores sigue presente e identificable (el folk entendido como raíz, su debilidad por la escena independiente australiana, los Beatles y el viejo Neil; la electrónica minimalista al servicio de la canción, el gusto por la producción impoluta, ese tira y afloja entre lo clásico y lo rabiosamente contemporáneo). Salvo que vivas en una burbuja todos tenemos nuestras influencias, pero el autor alcanza con su tercer largo eso que tanto cuesta: Rüdiger suena a Rüdiger. Y nos encanta, porque definitivamente ha salido el sol.
Love is a Muscle es una colección de temas con una luminosidad contagiosa. Apetece volver a darle al play, juntarse con tu gente y brindar por la vida, el amor y todas esas cosas que merecen la pena en un mundo que se cae a pedazos.
Hay aquí menos lisergia que en entregas anteriores, quizás en favor de un alma más esencialmente pop. La canción como punto de partida y único objetivo: da igual que se acerque al soul (‘The Whitest Thing You’ll Ever Be‘), al trance gozoso kurtvilesco (‘Gigantic Storm‘), a explorar su vena más crooner (‘Lost in the Zoo‘) -con unos maravillosos arreglos de cuerda, dicho sea de paso-. Sin darse cuenta, uno llega al final con su primera canción en euskera, cierre perfecto para un disco de alguien que no sabemos si es feliz, pero definitivamente su momento musical lo es y quiere transmitírnoslo.
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