THE WAVE PICTURES (Versión española)

LA BANDA BRITÁNICA TOCARÁ EN ESPAÑA CON UNA GIRA DE CONCIERTOS QUE PASARÁ POR DIEZ CIUDADES ESPAÑOLAS: VALLADOLID, OVIEDO, ZARAGOZA, VALENCIA, MADRID, BARCELONA, BILBAO, SANTANDER, LOGROÑO Y SAN SEBASTIÁN 

LA BANDA BRITÁNICA TOCARÁ EN ESPAÑA CON UNA GIRA DE CONCIERTOS QUE PASARÁ POR DIEZ CIUDADES ESPAÑOLAS: VALLADOLID, OVIEDO, ZARAGOZA, VALENCIA, MADRID, BARCELONA, BILBAO, SANTANDER, LOGROÑO Y SAN SEBASTIÁN 

The Wave Pictures regresan con Gained/Lost, un disco que demuestra las tres claves de su sonido: composición clásica, virtuosismo musical y letras oníricas. Con este disco capturan la alegría de tocar juntos, una química especial que los ha posicionado como una de las bandas de culto más duraderas de Gran Bretaña.

A continuación, las respuestas de David Tattersall (guitarra y voz principal), algunas de ellas muy en sintonía con lo que piensa quien firma esta entrevista.

-¡Odio la tecnología! Creo que deberían haber detenido todo el progreso en los 90

ESCUCHA AHORA GAINED/LOST

Después de tantos años publicando música, ¿qué hace que Gained/Lost sea especial dentro de vuestra discografía?

No lo sé, no me corresponde a mí decir si es especial o no, la verdad. ¡Quizá no lo sea! Puse mi corazón y mi alma en él, eso es cierto, puse todo lo que tenía, pero no soy quien para comentar si es o no especial. Mi actitud es que pongo absolutamente todo lo que tengo en cada álbum. Trabajo en ellos día y noche. No pienso en otra cosa. Pero una vez que están terminados, nunca más vuelvo a mirarlos ni a escucharlos.

El álbum mezcla garage rock de los 60, rock clásico de los 70 e indie americano de los 90. ¿Fue una combinación intencional?

Yo me remontaría incluso mucho antes que los 60, me iría a los años 20 y antes. Siempre hemos sentido que esta música viene de muy atrás, mucho antes de la era de las grabaciones. Todas las canciones de las músicas de raíz del mundo tienen los mismos acordes, las mismas relaciones armónicas. Si escuchas a Blind Lemon Jefferson o a Mississippi John Hurt en sus grabaciones de los años 20, esas canciones son básicamente iguales a todas las que vinieron después. Hay un universo enorme de canciones. Cada canción está conectada con todas las demás. Es la misma música. La gente cree que hay muchos tipos distintos de música, pero confunden la música con el marketing. Se han hecho un lío. Una canción soul, una reggae, una blues, una rock, una country… etcétera. Son todas lo mismo. Están hechas del mismo polvo de estrellas. Solo viene alguien del marketing más tarde y dice: esto va aquí y esto va allá.

El espíritu DIY sigue muy presente en vuestra música. ¿Es una elección estética o una necesidad artística?

Es contracultural. ¡Queremos divertirnos y destrozar la máquina!

Tus letras suelen sentirse muy visuales y oníricas. ¿De dónde viene eso?

Las letras son donde todo empieza para mí. Siempre me interesó la escritura de letras como una forma de escritura igual que cualquier otra. De pequeño tenía un problema especial con la música, porque las letras me perturbaban y me molestaban mucho. Es verdad, me costaban muchísimo. Otras personas las daban por sentadas, pero yo las escuchaba como si alguien me estuviera hablando, pero diciendo cosas extrañas. Toda la música que oía me parecía rarísima.

Un día escuché a Bob Dylan cantar «Visions of Johanna», «Stuck Inside of Mobile», «Leopard Skin Pill Box Hat», y todas esas cosas tan interesantes, y sentí un alivio enorme. Mi padre tenía el álbum Blonde on Blonde, y cuando me lo puso experimenté ese alivio gigantesco. Alguien estaba haciendo algo con las letras. En lugar de puro galimatías, aquí había alguien que se estaba divirtiendo de verdad.

¿Qué hace la mayoría de la gente? Simplemente ponen sonidos de palabras al azar sobre melodías, seamos sinceros. Por eso es tan confuso para gente como yo, que se concentra en las letras. Esa torpeza siempre me ha molestado el oído. Pero Bob Dylan dice cosas interesantes y divertidas. No es el único, claro, hay muchísimos grandes letristas a lo largo de los años. Pero fue el primero que escuché cuyas letras realmente significaban algo. Luego más tarde escuché a Lou Reed y casi me caigo de la silla de lo bueno que era.

Así que siempre escribo primero las letras. Básicamente no me interesan nada las melodías. Solo escribo letras y pongo todo en ellas. En mi mente delirante soy un escritor beat, como Jack Kerouac o William S. Burroughs, escribiendo mis letras. Es una ilusión, claro, pero cuando las estoy escribiendo creo de verdad en ellas. Después puedo mirarlas y pensar que son muy estúpidas, ¡pero en ese momento no importa!

Pongo las letras sobre acordes simples, muy simples. Me gustan las progresiones sencillas porque creo en su poder. Si miras la historia de la música, como decía antes, las progresiones simples son la clave en toda la música de raíz del mundo. Cuando entras en progresiones complicadas, estás hablando de música clásica, jazz o pop urbano sofisticado… Eso está bien, pero no crece de la tierra como las patatas. No pertenece al universo de la misma manera. Ese tipo de música viene de mentes intelectuales educadas. Pero toda la música de raíz del mundo tiene acordes muy simples. Así que ese es el secreto del éxito masivo de The Wave Pictures: letras muy complicadas y acordes muy simples. El equipo soñado.

El primer tema es «Alice». ¿Qué papel juega dentro del álbum?

Te mete de lleno, directamente en un sueño. Tiene una gran frase inicial. Hay una cámara en el cielo que desciende hacia la escena. Eso está en el ojo de tu mente. Pero todo el universo podría estar dentro de tu mente.

Grabasteis el álbum en solo siete días. ¿Qué aporta trabajar así a la música?

Espontaneidad, vida. La muerte de la música la provoca la gente que graba durante demasiado tiempo. Se matan a sí mismos, se hacen desaparecer, se convierten en fantasmas dentro de la máquina. Eso es lo que hacen. Si miras toda la gran música, como Blind Lemon Jefferson, Muddy Waters, pasando por los primeros años de Elvis Presley, The Velvet Underground, The Ramones, hasta Guided By Voices… todo se grabó muy rápido. Eso es lo bueno que importa.

Luego miras lo malo, todo el horrible pop. No voy a dar nombres. Pero todo el mundo sabe. Todo ese pop horrible. El rock de estadios. El rock progresivo. Toda esa gente que no sabe tocar. Que no es divertida. Que no sabe escribir letras. Que no está conectada con el universo. Su música no sale de la tierra. Millonarios sin alma. Todo el mundo lo sabe. A la gente le gusta así, le gusta toda esa mierda. Pero eso es lo que hace que el mundo vaya mal: opiniones distintas. No creo que yo tenga razón y otros estén equivocados. Simplemente, para mí, la música es algo cósmico. No es un viaje del ego. Y no es una confección pop de plástico.

-La muerte de la música la provoca la gente que graba durante demasiado tiempo. Se matan a sí mismos, se hacen desaparecer-

El arte del disco se siente muy personal. ¿Qué querías expresar con él?

Es muy personal. Puse en él todas las cosas que amo. Quería que pareciera la portada de Exile on Main St., pero personal. Cosas personales de mi vida.

Volvéis a España en marzo. ¿Cómo es vuestra relación con el público español?

Siento una gratitud profunda hacia España. Antes de ir allí, a nadie le gustaba nuestra música. Amo España. Amo la comida, la cultura, toda la felicidad y la risa, lo juguetona, divertida y loca que es la gente. Amo España y estoy profundamente agradecido.

Después de más de dos décadas, ¿qué mantiene a la banda motivada?

Las drogas y el dinero.

¿Cómo te gustaría que la gente experimentara Gained/Lost por primera vez?

Con cada álbum siempre espero que la gente lo escuche de principio a fin, en orden. Sin mirar el móvil ni hablar ni nada. Siempre esperas ese oyente perfecto que quizá se fuma un porro, o se sirve una copa de vino tinto, enciende una vela y se sienta a escuchar el álbum con verdadera atención. Yo escucho la música así. Me gusta sumergirme en ella. No me interesa mucho la música de fondo, me resulta algo molesta.

Cuando escucho música veo todo tipo de visiones en mi mente. Es muy poderoso. Así que prefiero escuchar música cuando estoy solo. Pero cuando hay música sonando y estoy por ahí, como en un pub, tengo que esforzarme bastante para bloquearla, porque contiene muchísima información. Me resulta algo agotador. Soy un poco loco en ese sentido. Es una bendición y una maldición, supongo, porque escucho muchísimo en la música. Y AMO la música que me gusta. Y ODIO la que no me gusta. No podría ser más extremo. A veces es como una tortura, la música que oigo cuando estoy por ahí.

De la misma manera, supongo que la música que hace The Wave Pictures tiene el potencial de salvarle la vida a alguien, porque es muy específica y muy intensa, pero también tiene el potencial de ser odiada —y créeme, ¡ha sido odiada por mucha gente! Es obvio que mi relación intensa con la música como oyente, como persona rara a la que le cuesta soportar la música de fondo, ha sido un factor enorme en la música de The Wave Pictures.

¿Cuál es tu opinión sobre la IA — en la música y como herramienta tecnológica en general? ¿Os consideráis amigos de la IA?

¡Odio la tecnología! Creo que deberían haber detenido todo el progreso en los 90, cuando un ordenador venció por primera vez a un humano en ajedrez. Deep Blue fue el ordenador. Y Garry Kasparov era el jugador. Y ya entonces pensé: «esto se está yendo de las manos», no queremos que los ordenadores sean más inteligentes que nosotros. Si dependiera de mí, habría cogido un hacha en ese momento y lo habría destrozado todo. ¿No han visto 2001: A Space Odyssey o The Terminator? Está clarísimo.

Pero la verdad es que en la música la gente ya se había convertido en robots de todas formas. Toda la música suena robótica. Casi mejor que la haga directamente un robot. Es el paso final.

Para ser honesto, probablemente estoy un poco loco. ¡Es muy importante que yo no esté al mando de nada en el mundo! Porque si lo estuviera, todo se iría al infierno inmediatamente. Así que puedo estar muy equivocado, lo acepto. Pero si me preguntas qué es lo que más me preocupa, mucho más que la política o el medio ambiente o cualquier otra cosa, sin duda lo que más me preocupa en el mundo es la tecnología. Sin duda.

¿Puedes hacer un recorrido por tu trayectoria musical, desde la adolescencia hasta ahora?

Empecé tocando guitarra folk, instrumentales acústicos. Supongo que se podría decir que era un niño prodigio. Tocaba en clubes de folk cuando tenía diez, once, doce años. Interpretaba temas de Reverend Gary Davis y de John Fahey y cosas así. Cuando crecí, hacia los 14, dejé de querer hacerlo. Lo odiaba. Odiaba que los profesores de guitarra siempre me dijeran qué hacer. Odiaba a la gente del mundo de la guitarra. Odiaba practicar. Y odiaba los clubes de folk.

Así que formé una banda de rock and roll con algunos amigos que no sabían tocar nada, nada en absoluto. Ni siquiera habían visto un instrumento musical. Tuve que enseñarles. Pero para mí era algo nuevo donde nadie podía decirme que lo estaba haciendo mal, porque decidí que a partir de entonces yo decidiría lo que hacía y nadie podría decir qué estaba bien o mal. Quería escribir canciones, cantarlas y tocar con mis amigos. Y eso es lo que he seguido haciendo.

Siempre estuve muy interesado en la escritura. Me interesaban mucho William S. Burroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg. Me encantaba la idea de que escribir letras fuera una forma de literatura. Tenía muchas ganas de expresarme. Y quería llevarme a mis amigos conmigo. Y tocar música.

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