ARIMA: ENTREVISTAMOS A LA ARTISTA, QUE ACTÚA ESTE SÁBADO EN LA SALA CADAVRA
Entrevistamos a Paule Bilbao, guitarra, compositora y autora en ARIMA, a la que podremos ver el próximo sábado 2 de mayo en la sala Cadavra presentando en Madrid Ez Dago Amor (Bonberenea / Aloud Music, 2025).
– Toda mi música es bastante intuitiva –
– La música va mucho más allá de saber de lenguaje –

A medida que vas escuchando Ez Dago Amor descubres un punto de ruptura y reinvención artística. Las emociones afloran, las tuyas y las de ARIMA, pues nos lleva hacia ese territorio tan complicado como es el de explorar los sentimientos. Un auténtico desafío pues prescinde de lo más neutro y apuesta por la densidad de lo crudo y visceral.

«Ispulua» es una canción bastante dura, donde dices que sientes el peso del miedo a volver a ser tú misma. Una canción oscura e introspectiva. Las músicas, a veces, puede ser terapéutica
Sí, puede ser. Ya no tanto de la canción, pero del EP también; la forma que tengo de componer es así. Por un lado está la letra que, de alguna manera, lleva un poco a la razón, a poder poner palabras a eso que a través de la música también se quiere transmitir. Y sí, es cierto que justo la temática de este último disco va mucho por la identidad, por encontrar un lugar en el mundo; la nostalgia y la tristeza siempre son protagonistas, sí.
Si «Ispulua» era oscura, «Jantzia» crea sobre todo al principio una sensación de angustia, de agobio, como la letra dice: «me falta la respiración, mis pulmones se secan». ¿Qué querías reflejar ahí con este tema?
Pues, de alguna manera, el significado es «traje» al traducirlo del euskera y es de una forma simbólica para que cada uno pueda encontrar el significado de qué es para cada uno ese traje. Ese traje que a veces asfixia, que a veces cuesta poder tomar distancia de él… y, bueno, algo que también me gusta en las letras es eso, que haya ese margen para la interpretación o para resignificarlo cada uno desde sus vivencias o experiencias.
En «Isurkari» mezclas tres lenguas: euskera, inglés y castellano. ¿Lo tenías meditado o improvisaste un poco?
Es cierto que yo principalmente escucho música de habla inglesa y, bueno, a nivel sonoro también me gusta mucho cómo suena el inglés, no lo voy a negar. Aun así, el hacer las letras en euskera también es una elección cultural, política incluso; pero bueno, poder incluir e integrar otras lenguas siempre está bien y surgió de manera bastante espontánea, la verdad. O sea, que en general toda mi música es bastante intuitiva y, a medida que voy explorando y jugando, son cosas que van apareciendo.
En «Zarata», donde dices que «no hay nadie, no hay amor»… esta vez parece que la canción refleja más rabia o ira que tristeza.
Sí, total, sí, sí, es verdad. A la hora de cantar también se nota que hay una conexión mayor con el enfado. Y sobre todo esa parte final de guitarras ruidosas… era un poco la idea.
En «Astarnak», nos llevas al final del disco y parece como que descargas todo ya con esta canción.
Sí, la idea era, a nivel conceptual, poder empezar y terminar con la misma letra, pero cambiando de alguna manera el fondo. Y sí, hay cuerdas, hay sonidos un poco más etéreos, pero a la vez hay un colchón de ruido también bastante de fondo. Creo que el ruido siempre está presente en este disco de una manera u otra. Y sí, hay samples; la verdad que está bastante trabajado también ese final.
En los países nórdicos musicalmente siempre han tenido una educación distinta a la nuestra. En todas las casas hay un piano o algún un instrumento, un violín. ¿Crees que en España falta algo de educación musical?
Sí, sin duda, o por lo menos aprovechar lo que ya hay para poder hacerlo de otra manera. Es verdad que hay lugares y colegios donde me parece que lo hacen de una manera un poco más atractiva, pero es cierto que entrar en una clase de solfeo (con todos mis respetos, que yo así empecé también en una escuela de música) pues, uf, para un niño o adolescente no es del todo agradable igual. No es lo que te esperas; la música va mucho más allá de saber de lenguaje, que es importante, pero no solo eso.
¿Cómo llevas el equilibrio entre redes, trabajo, música?
Pues la verdad es que es difícil poder compaginar todo esto, equilibrarlo… y es cierto que el proyecto lo lidero yo, entonces claro, todo el trabajo de oficina también lo llevo yo: redes, administración… Y aunque sea un proyecto pequeño, si lo quieres hacer con mimo, el trabajo es muy grande. Casi dedico más tiempo a hacer cosas que no son tocar antes que bajar al local a ensayar o ponerme a componer. La verdad es que es una pena que se quede en un segundo plano esto, pero bueno, entiendo que habrá que ir adaptándose y encontrando también un lugar dentro de este caos.

¿Een qué escenario o país te gustaría tocar?
Es una buena pregunta, la verdad es que nunca me he puesto a soñar de esta manera, pero me encantaría en Islandia. Me gustaría mucho. El directo este de Sigur Rós en esos paisajes tan preciosos… sería una pasada poder tocar en algún lugar así, en algún festival o algo así.
¿A qué grupos o artistas que ya no están te hubiera gustado ver?
Yo creo que a Sonic Youth me gustaría mucho haberlos visto en directo. Y luego, parte de mi adolescencia también fue Nirvana, una de las bandas que más me influyó; ver a Kurt Cobain, la verdad, también me gustaría mucho. Estoy tirando a clásicos, pero bueno, es algo que ha estado ahí siempre.
¿Cuál sería tu cronología musical?
He tenido la suerte de que en mi familia son músicos y la música siempre ha estado muy presente. Recuerdo que desde que era muy pequeña escuchábamos mucho el disco «Antics» de Interpol; con ocho o nueve años estaba en bucle en el CD del coche. A partir de ahí pues Pixies se ha escuchado un montón en mi casa, Nirvana, Sonic Youth, The Cure… un poco toda esa influencia noventera. Luego ya descubrí cuando estaba en el instituto más el shoegaze, Slowdive, My Bloody Valentine, toda esa parte más ruidosa. Y a partir de ahí se abrieron un montón de caminos diferentes; ahora estoy explorando también bastante más la música electrónica.
Hasta la fecha, ¿cuál ha sido el concierto tuyo que más te ha sorprendido?
Igual el concierto que dimos en el AMFest, en el festival que montaban antes en L’Hospitalet, en Barcelona. Fue hace dos años o así y la verdad es que fue impresionante, tanto la conexión con el público como la banda. Recuerdo que estábamos muy empastados como grupo, sonamos bien y lo disfruté mucho.
¿A qué película o serie de televisión te hubiera gustado ponerle banda sonora?
Pues una película que últimamente me ha marcado mucho ha sido «La peor persona del mundo«. Yo creo que esa película podría serlo. Ojalá.
¿Y qué opinas de esta tendencia de cantantes generados con IA? ¿Crees que puede dañar a las personas que crean de verdad?
Yo creo que nunca se va a sustituir. O sea, de alguna manera nunca se va a poder expresar o experimentar algo que un humano sí. Me imagino que es algo que se quedará, pero que poco a poco irá dejando de tener tanto peso. O eso quiero pensar.
¿Nos podrías contar alguna anécdota?
La verdad es que hasta ahora hemos sido bastante formales. Es verdad que en este último disco he cambiado la banda porque anteriormente estaban mi padre y mi expareja tocando; necesitaba un cambio de rumbo. Ahora estoy con el guitarrista que sigue de la gira anterior, pero el resto son gente nueva, jóvenes, y ha sido muy guay el salto de poder compartirlo con gente de mi edad.
Bueno, tocamos en Barcelona hace dos o tres semanas y cogí un hotel por el camino para parar en Zaragoza. No hice muy bien la búsqueda y resulta que estaba a mitad de camino entre Zaragoza y la ruta de Huesca… terminamos en un desierto por la noche. Estábamos solos, perdidos, saltó un chivato del coche de que nos quedaba poca autonomía, conejos pasando, una noche estrellada… fue un momento bastante onírico.