LA GLORIA

PRESENTAN CUATRO TEMAS QUE SE MUEVEN ENTRE EL GARAGE MÁS DIRECTO, LA PSICODELIA TORCIDA Y CIERTO GUSTO POR LO INESPERADO

PRESENTAN CUATRO TEMAS QUE SE MUEVEN ENTRE EL GARAGE MÁS DIRECTO, LA PSICODELIA TORCIDA Y CIERTO GUSTO POR LO INESPERADO

Queremos que la gente escuche algo diferente, algo nuevo

Hay bandas que nacen porque alguien quiere subirse a un escenario y sentirse importante durante una hora. Otras nacen porque hay personas incapaces de pasar demasiado tiempo sin tocar una guitarra, sin hacer ruido, sin encerrarse en un local de ensayo. La Gloria pertenece a las segundas.

Me reúno con ellos en la cercanía que permite la tecnología –algún día nos veremos literalmente las caras– que fue como estar juntos en el salón de casa un viernes cualquiera, quitándonos el peso del día y hablando, sin la sensación de compromiso de promoción, de su primer EP Ciao Per Sempre editado por Lacre (ya disponible desde el 14 de mayo).

En cuanto empiezan a hablar, se entiende rápido. Todo sale con la misma inmediatez con la que suenan sus canciones: algo atropelladas, ruidosas y honestas.

UNA BANDA SIN JERARQUÍAS, DONDE TODO RESPIRA

Txetxu cuenta que todo empezó con él y Pablo haciendo versiones. Lo típico: tocar canciones ajenas hasta cansarse de repetirlas. Pero llega un momento en el que las canciones de otros dejan de servirte. Necesitas empezar a escribir las tuyas propias, crear identidad y pertenencia de banda, aunque no sepas todavía qué quieres decir exactamente. «Queríamos rodearnos de gente que nos cayese bien y que tocara bien», explica. Y Jorge añade: «Todo el mundo está cómodo con su posición en la banda y con la de los demás». Probablemente sea la frase que mejor define a La Gloria.

No hay jerarquías demasiado visibles, ni esa necesidad constante de sobresalir que termina desgastando a muchos grupos antes siquiera de empezar. Todo parece funcionar desde un equilibrio extraño pero natural: cada uno ocupa su lugar, todos participan y nadie intenta convertir el proyecto en algo más importante que las canciones.

No hablan de profesionalizarse ni de «crear un proyecto sólido», esa expresión tan manida que huele a pura fachada en algunos de los actuales perfiles de Instagram. Hablan de amistad. De necesidad. De pasar el tiempo juntos haciendo canciones.

Jaime lo define mejor que nadie cuando dice que lleva tocando desde los catorce años y que nunca ha pasado más de tres meses sin estar en una banda, llegando a confesar: «Tocar es una necesidad para mí».

EL ORIGEN DE CHAO PER SEMPRE Y LA TERNURA BAJO EL RUIDO

El título de Chao Per Sempre también viene de ahí, de lo cotidiano convertido en anécdota absurda que acaba quedándose. Pablo lo cuenta así: «durante un viaje al Prestoso un amigo del grupo pasó el fin de semana entero imaginando una ruptura con su novia italiana y repitiendo sin parar “chao per sempre”. Lo decía dramatizando, como un personaje. Tanto lo repitió que acabó incrustado en todos. En el coche de vuelta, todavía con esa frase rebotando en la cabeza, Txetxu lo soltó: “Tío, esto es el título”. Y ya está».

Reflexionan a lo largo de la entrevista sobre un eje central sobre la obsesión actual por pulirlo absolutamente todo. Ellos no quieren sonar perfectos, quieren sonar auténticos por ello la producción está basada en el minimalismo técnico: el sonido se queda sucio, como si saliera de una sala de ensayo en la parte de atrás del garage. Quieren que haya espontaneidad, imperfecciones, que suene a real. «Hay muchísimos errores en el disco y eso nos gusta», dice Jaime.

Txetxu explica que querían grabar «como antes: rápido y sucio». Y ahí está gran parte del encanto del EP: en esa búsqueda del error deliberada. Y esta idea, tan simple, es casi política hoy en día.

Se está deshumanizando la música. Se repiten tomas obsesivamente buscando la toma de voz perfecta y, a lo mejor, el resultado queda vacío. Se eliminan ruidos, respiraciones, golpes accidentales de batería o notas mal dadas de bajo. Todo queda limpio, pero muerto también. Por eso Chao Per Sempre lleva la sensación de haber sido tocado por personas reales.

La Gloria no quiere sonar como lo que está sonando ahora. Lo dicen sin rodeos. Quieren que alguien escuche el disco y piense que todavía hay otra manera de hacer esto. «Queremos que la gente escuche algo diferente, algo nuevo», sentencian.

A su vez, Txetxu lanza un alegato a favor de cierta ternura en esta carta de presentación de la banda norteña. Define estas cuatro canciones como «muy humanas y muy tiernas», y tiene razón. Las letras siguen hablando de cosas pequeñas: amores adolescentes, nostalgia, recuerdos absurdos entre amigos, frases escuchadas de madrugada que terminan convirtiéndose en títulos, aunque estén envueltas en un sonido diametralmente opuesto a esa sensación placentera.

NOSTALGIA, CINE QUINQUI Y GUITARRAS DEMASIADO ALTAS

«Jenny», por ejemplo, nace de esa melancolía concreta que producen los veranos que no vuelven. Esa clase de recuerdo que uno revisita durante años aunque sepa perfectamente que nunca fue tan importante. «No lo veo como ironía, sino como nostalgia», dice Txetxu.

Es cuando se acercan a una estética más canalla —el garage, el punk, el cine quinqui— que sigue habiendo algo profundamente sentimental debajo.

Jaime menciona una de las piezas clave de ese cine, Navajeros, como referencia estética posible para la banda. La Gloria comparte con el cine de Eloy de la Iglesia la sensación de barrio, de noches largas, de guitarras sonando demasiado alto en sitios demasiado pequeños.

También sus influencias hablan de eso. Los Planetas, Ty Segall, The Strokes, Novedades Carminha –Pablo puntualiza su importancia generacional–, The Libertines… por nombrar algunas, están dentro del imaginario de no parecer perfecta sino música viva. Y quizá por eso insisten tanto en su directo: «Me encanta cuando alguien nos dice: “Sonáis mejor en directo que en Spotify”», cuenta Jaime, y Txetxu incluso dice algo que resume bastante bien toda su filosofía: «En un estudio puedes hacer sonar bien a una banda mala». Ellos no querían eso. Querían sonar exactamente como son.

Portada diseñada por María Cuntín Castro

Y al final eso es lo que queda después de escucharles hablar: la sensación de estar delante de una banda que todavía entiende la música como algo físico. Algo que se rompe, incluso, que desafina a veces. Algo que ocurre entre amigos encerrados en una habitación haciendo ruido porque no encuentran mejor válvula de escape para volver a tierra y sentirse ellos mismos. Algo que se rompe un poco, pero precisamente por eso está vivo.

CONOCE A LA GLORIA

Aunque La Gloria nace en 2024 casi como una reacción, sus miembros llevaban tiempo orbitando alrededor del mismo ruido. Cansados de consumir a Ty Segall, Mujeres o White Fence, Txetxu (batería) y Pablo (voz y guitarra) deciden juntarse para empezar a hacer sus propias canciones. Lo que comienza como un dúo pronto se convierte en banda con la incorporación de suspechosos habituales de la escena garagera gallega: Jorge al bajo, Jaime a la guitarra y Manu a los teclados. Sin grandes planes ni demasiada estrategia, el proyecto se construye desde la inercia, el ensayo y el volumen alto. Así nace Ciao per sempre: probando, repitiendo, descartando y volviendo a empezar hasta dar con algo que suene honesto y artesanal.

FECHAS DONDE LES PODRÁS VER

13 de junio – Pontevedra | Surfing the Lérez
2 de julio – Valdeorras | Sil Fest

Y más fechas para final de año y principio de 2027 que anunciarán próximamente.

Compartir

Artículos relacionados

SARDINÉ

EL BARRIO DE "LA LAGUNA", ESE CÁDIZ DE SARDINÉ...

ROKO BANANA

'GRAN MURALLA', SU NUEVO DISCO, ES UNA IDEA, UNA IMAGEN Y UN CONFLICTO...