MANDALE MECHA

- Es muy loco que inclusive cruzando un océano, las mujeres estamos unidas por las mismas cicatrices.-

MANDALE MECHA

Entrevistamos a «Michu», cantante del MANDALE MECHA, el inclasificable grupo argentino-brasileño, ya que navega en multitud de estilos musicales, en eso precisamente, radica parte de su encanto. Actualmente han colaborado con el grupo italiano Riciclette en» Prima o Poi. »

Tenemos la oportunidad de conocer a Michu, que nos cautiva con su simpatía, y nos habla, siempre manteniendo un magnífico sentido del humor, de las distintas realidades sociales y musicales entre nuestros continentes.

– Es muy loco que inclusive cruzando un océano, las mujeres estemos tan unidas por las mismas cicatrices.-

– Todo lo que se pueda intercambiar es el proyecto de la banda: ir sin fronteras –

Acabáis de lanzar «Prima o Poy» con el grupo italiano Riclette. ¿Cómo surge esta colaboración?

Surge porque en el 2024 hicimos una gira muy importante ahí en Europa. Y a veces tengo unas etapas de hiperfoco, ¿viste? cuando te obsesionas totalmente con algo nuevo. Me pasó con la escena de Italia, que nunca le había dado bola, y conocí una banda que se llama El Mago del Gelato, de Afrobeat, increíble. Y bueno, ahí me abrió así como: «wow, mira todo lo que está pasando allá». Encima, bueno, Buenos Aires tiene mucha historia con Italia, todos tenemos abuelos italianos o españoles, entonces lo sentí muy cercano como para entender un poco de nuestra historia también.

Estábamos tocando en el Sound Isidro, junto a Chancha Vía Circuito y El Búho. . Adelante nuestro había una pareja de italianos: uno es productor de un festival de allá, de la zona de Bérgamo, y bueno, una de las chicas de las Riclette. Nos sacaron una foto, nos marcaron y bueno, les mandé un mensaje de cariño. Es muy raro encontrarte en Madrid a un italiano que viajó especialmente para el show y que trabajó acá en la isla; ya me llamó la atención porque conocía perfectamente las tendencias de Brasil, hablaba perfecto portugués y había trabajado en la universidad de acá, que es algo muy nicho. Le dije: «che, ¿me mostrás bandas de mujeres de Italia?» . Son cuatro mujeres juntas cantando, son todas de origen napolitano y cantan en dialecto napolitano, que nunca lo había escuchado. Sentí que tenía que ser, porque estaba todo dado.

Ya empezaste este encuentro entre los continentes con «Oltreoceano», en este tema ya utilizabais el italiano. ¿Vais a seguir con este acercamiento musical, no solo con Italia, sino con grupos de España o Portugal, con los que culturalmente también hay afinidad?

Mándale Mecha nunca tuvo esa sensación de fronteras porque, bueno, yo soy argentina, vivo en Brasil, los chicos son todos brasileros pero de estados diferentes, cada uno con su acento. Tengo otra banda con la que viajé un montón por Europa, hemos hecho 100 shows allá desde que tengo 22 años. Para mí es como que cada vez que aprendo algún idioma nuevo, la cabeza se me acomoda de alguna manera. Me encanta aprender idiomas nuevos y entrar en ese universo; hay palabras que son propias de un idioma que no existen en otro y poder usarlas en la canción es un concepto único. Como la palabra «saudade» aquí en Brasil, que es hermosa.

En el 2024, en esa gira, hicimos un feat con Maurino, un artista chileno que vive desde muy pequeño en Ámsterdam, porque el exilio de Pinochet empujó a muchas familias allá. Él es el que produce las fiestas Macumba y les enseña a bailar salsa a los holandeses, es muy gracioso. Todo lo que se pueda intercambiar es el proyecto de la banda: ir sin fronteras. A veces no es tanto una búsqueda, sino una cosa completamente genuina. Con España me encantaría, tengo mucha admiración por lo que está pasando ahí; me encantaría colaborar con Zuaraz, hay bandas muy bonitas. Es cuestión de tiempo.

Uno de vuestros grandes éxitos, «El Sol», dice que la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. En España se dice «más vale solo que mal acompañado».

Sí, me pasó en el 2022 tocando en Madrid junto a Pongo (la artistona de Angola) en la sala Nazca, en el ciclo Mazo Madrid. Me pasó que delante mío un montón de mujeres conocían la canción y cantaban ese grito de lucha, que en realidad tiene origen en las manifestaciones del colectivo chileno Las Tesis. En España se la sabían y la cantaron muy efusivamente; me puso la «piel de pollo» a mí y a los chicos de mi banda. Es muy loco que inclusive cruzando un océano, las mujeres estemos tan unidas por las mismas cicatrices. Te encontrás a cualquier hermana en un baño de una discoteca y es muy fácil conectar porque estamos atravesadas por los mismos dolores y las mismas luchas. «El Sol» es una canción que nos cambió mucho porque fue hecha en pandemia junto con una bandaza de Brasil de seis mujeres (Mulamba) con mucha representatividad. Que a ellas les haya gustado sumarse fue una honra.

¿Crees, Michu, que ya hay una igualdad de sexos real en la escena musical?

No sé cómo será en España, pero acá en Brasil, inclusive con pautas políticas de concursos públicos donde se exige incluir un 20% de mujeres o de la comunidad LGBT, no se llega ni al 12% de la programación. El principal problema es que los discursos están, pero nadie entrena a los equipos de los festivales para trabajar con mujeres. En mi caso, yo hice siempre stoner, metal, groove… mi mundo estaba lleno de hombres. No te pagan el caché porque sos mujer, se lo pagan al hombre de la banda; no reciben tus pedidos técnicos en la prueba de sonido porque sos vos la que se los pide. Le tengo que pedir a mi compañero de banda que lo pida él, y en cinco minutos lo resuelven. Cualquier sonrisa para generar un vínculo profesional es interpretada como interés sexual. Es un desgaste de la vida entera. Menos mal que ahora entendemos que no es un problema personal, sino cultural. Acá en Latinoamérica hubo un retroceso terrible porque tuvimos un personaje que eliminó el Ministerio de Cultura, que fue Bolsonaro, y acabó con todo. Se ha retrocedido.

Otro de vuestros temas más conocidos, «Papi», con un ritmo pegadizo y alegre que incita al baile, tiene por otro lado una parte oscura.

En Latinoamérica canalizamos los traumas así: una música súper para arriba pero diciendo una tragedia tras otra. «Papi» está como soundtrack de dos series españolas en Netflix: una es «Valeria«, que es una serie feminista, y la otra es «Las últimas de la fila«. Nos llena de orgullo poder estar ahí de alguna manera.

En «Día de Suerte», ¿juegas con la ironía? Porque la protagonista tiene una obsesión con la relación y dice «sueles enterrarme con cada ilusión en campos minados que de mañana estallan», eso no es mucho día de suerte.

El «día de suerte» es para esa persona que finalmente lleva un tiempo sin amar. Es un juego. Nosotros somos todos «90s kids», rockeros, metaleros, pero cada uno tiene su banda de jazz paralela. Chico, por ejemplo, en esta música con las italianas («Prima o Poy«) toca el contrabajo. Nos damos el lujo de jugar con todos los géneros: del reggaetón al jazz, soul, hip hop o electrónica, porque Gus es un bicho de la electrónica. A veces las letras acompañan ese juego; hay letras más seductoras y otras más de batalla. «Día de Suerte» sigue siendo de mis preferidas.

Como dices, jugáis con infinidad de géneros. ¿Os falta alguno por incluir?

Me gusta mucho la salsa y lo que pasa en el Caribe, pero me gusta que sea espontáneo. Como todos tenemos una mochila de influencias bastante sincronizadas es muy fácil conectar, entonces la música que sale no es por que género nos falta en el algoritmo (risas), sino lo que sale genuinamente.

Hablando de idiomas, te hemos oído hablar en español, portugués, italiano, francés, inglés y hasta alemán.

Italiano estoy aprendiendo en Duolingo. El alemán me encanta pero te lo olvidás a los cinco minutos si no lo practicas. El portugués, el español y el italiano están a un pasito. Vivo en Brasil hace 11 años y conseguí no solo no hablar perfecto portugués, sino empeorar mi español (risas); hablo como el orto. Cuando hablo con mi familia me dice ponte el el chip porque me cambió la melodía.

Tuviste proyectos como Menage, Muñoz, Petit Mort… se puede decir que eres un «culo inquieto». No paras!

Hay una única verdad; y es que es mucho más barato que pagar terapia (risas). Es más necesidad que búsqueda. Mándale Mecha que nació en 2019, lanzamos disco y luego llegó la pandemia y Bolsonaro. Fue traumático, pero al ser una banda electrónica en su momento pudimos grabar a distancia al punto que lanzamos tres discos y lanzar 50 canciones. Le recomiendo a todo el mundo intentar componer una estrofa al día; porque ejercitas otras partes del cerebro, calma la ansiedad, te lleva a un lugar presente y vomitas cosas que ni sabías que tenías en la cabeza. Pasar por ese proceso me permitió empoderarme y curar muchas cosas.

Antes comentabas el tema de las redes sociales. Ahora parece que si no estás en algunas no existes. ¿Consigues llegar a un equilibrio?

Hablamos mucho sobre la salud mental de los músicos por esto. No todas las personalidades están para ser influencers. Mis compañeros tienen personalidades más introspectivas y a veces me tengo que poner yo al frente. Es triste que la cantidad de seguidores determine tu calidad o que te contraten en festivales por eso. Extraño cosas anteriores, pero al mismo tiempo pienso que jamás hubiera podido lanzar tres discos sin las plataformas. Soy de la generación de MySpace, luego Facebook… todas las plataformas tienen fecha de caducidad.

Hay cierta nostalgia de cuando te tomabas el tiempo de abrir el librito del disco y compartirlo con amigos.

¿A qué película o serie de televisión te hubiera gustado ponerle banda sonora?

Soy muy mala con las películas. Me gusta el humor muy ácido. Alguna de los 90 Me encantaría algo tipo «Space Jam» o algo muy cómico.

¿Cuál sería tu cronología musical?

Me pusieron Michelle por la canción de los Beatles. En mi casa se escuchaba mucho a los Beatles, Phil Collins , Michael Jackson y mucho rock nacional argentino. En esa época en Argentina escuchar música de afuera era casi de «vendepatria». Culturalmente Argentina es muy rica. Demoré mucho escuchar lo de fuera, porque oía mucho rock argentino. Yo escribía en una revista de música desde los 15 años y entrevistaba a las bandas; la mayoría de los que son mainstream hoy en día los conozco y fue como una escuelita.

¿Nos puedes contar alguna anécdota?

La mejor que tengo es en Brasil. Acá llueve mucho. Teníamos un festival en un morro (una sierra con selva) y el escenario estaba abajo. Llegamos de noche con en el medio del fenómeno de El Niño. Fue histórico, rutas que se hundían para dentro de la tierra. Teníamos que desviar ciudades enteras. Al llegar, nos dicen -el escenario está allá abajo- No había manera de bajar con el auto, era un mar de lodo, de el barro. Un brasilero nos dijo: «yo los bajo por 10 reales en mi caballo». (risas) Le puso una carreta al caballo y bajamos instrumentos, amplificadores y cuatro personas bajo la lluvia. Todos agarrándonos de todos en la oscuridad. Llegué al escenario con un ladrillo de barro en cada pierna. Después había que subir, vino otro loco brasilerio: – yo los subo por 10 reales- y nos subió en cuatriciclo. Fue de locos.

Otra es la diferencia de seguridad entre Europa y Latinoamérica. En Alemania o Bélgica puedes dejar el auto cargado de instrumentos y no pasa nada. En alguno lo puedes dejar hasta sin llave, es incréible. Acá no (risas) . No puedes dejar nada que tenga un brillito que despierte la mínima curiosidad (risas). Estábamos tocando en el interior de San Pablo y nos avisaron que nos estaban robando el auto en ese momento. Imagina, en medio del escenario ¿para que me avisas? ¿Qué íbamos a poder hacer? Habíamos alquilado una Hilux porque habíamos decido comprar una combi del 96 por 5000 reales, que respiraba gasolina hasta por los ojos y nos había dejado tirados. El ladrón era muy principiante, no había hecho ni un curso de robo (risas) : Entonces cuando llegamos estaba toda la puerta quebrada, el vidrio roto, pero el tipo no había podido salir del auto, estaba tan loco que no pudo salir, a la policía no lo costó nada cogerlo. Pero viajamos 1.200 kilómetros con un plástico en la ventana haciendo TATATATA!!! y el motorista brasilero al primer semáforo choca, se cae el paragolpes completo de la Hilux, nos gastamos un montón de plata en poder enroscar el paragolpes, así que fue mucho estrés pero nos quedo esta aventura (risas).

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